Día 01/12/2011
EN respuesta al artículo publicado en el diario ABC del día 28 de noviembre, bajo el título «El valor de la memoria: el retablo de la Merced», firmado por la profesora María Ángeles Raya Raya, y en el que se alude al que suscribe, me veo en la necesidad de hacer algunas puntualizaciones.
En dicho artículo, su autora, además de hacer hincapié en su nunca valorada aportación a la reconstrucción del retablo de la Merced, siembra la duda sobre algunos aspectos de mi reciente tesis doctoral sobre el antiguo convento de la Merced. Por tanto, mientras este trabajo se publica quisiera aclarar lo siguiente:
La hornacina central del primer cuerpo del retablo, sí se hizo para ubicar a la Virgen de la Merced, no porque a Francisco Aguilera, director de la Escuela Taller, se le antoje, o porque sea más decorativo, sino porque la documentación, que al fin y al cabo es quien tiene la última palabra, así lo testimonia. De este modo, la imagen de la Virgen de la Merced, de vestir, señora Raya, estuvo ubicada en el lugar expresado, algo que ya nos advierte la historiografía local. Basta releer los célebres «Paseos por Córdoba» donde se alude al tema en estos términos: «lo que más llama la atención de esta comunidad era Nuestra Señora de la Merced, su titular venerada en el altar mayor...». Afirmación que usted misma recoge, y parece haber olvidado, en su trabajo de investigación «El retablo en Córdoba durante los siglos XVII y XVIII»: «En el eje central y en un primer plano está colocada la imagen de Nuestra Señora de la Merced, bajo cuya advocación fue erigido el templo. La imagen que actualmente contemplamos (refiriéndose a la Comendadora) no es la misma que existió en un primer momento, pues ésta era de vestir…».
Pero como investigar no consiste solamente en seguir a los eruditos locales, en el Archivo Histórico Provincial de Córdoba encontramos un valioso inventario del antiguo convento mercedario donde se relacionan sus bienes y al referirse a la Virgen de la Merced dice textualmente: «en la capilla mayor: el retablo de Nuestra Señora de la Merced de vestir con la corona de plata y ocho santos de talla». Creo que esto es prueba más que suficiente para dejar claro quién ocupaba la hornacina principal, y no manifestador, como usted afirma, del retablo de la Merced.
Junto a este dato que aporta la documentación, base de cualquier investigador, la constancia y la casualidad quisieron que en el transcurso de nuestra labor investigadora apareciera el busto de esta imagen que se creía perdida. La efigie de la auténtica titular del convento mercedario fechada en el siglo XVII fue hallada junto a la de la Virgen de la Soledad y diversos santos mercedarios en unas atarazanas de la Institución Provincial.
En concreto las dos imágenes marianas fueron restauradas por la Escuela Taller estando en la actualidad la Virgen de la Merced expuesta al culto en su iglesia, mientras que la Virgen de la Soledad está a la espera de que el templo recobre su amplitud y sea igualmente repuesta al culto. Por lo cual estamos ante dos imágenes distintas y no una convertida en otra, como usted, fruto de su desconocimiento, deja entrever. Creo que no hace falta precisar que una es dolorosa y otra de gloria y que ni mucho menos se «prestan» sus atributos iconográficos.
Por lo demás, sólo decirle a la autora que gracias a esos «simples tallistas», como con tanto menosprecio califica a los impulsores de la reconstrucción del retablo de la Merced, hoy en día siguen vivos muchos oficios artesanales. El valor de la memoria es muy importante, pero cuando ésta ni siquiera tiene constancia de un hecho determinado mejor es callarse, porque puede ser, como en este caso, que el valor de las fuentes documentales y patrimoniales le jueguen una mala pasada.



