—¿Cómo se encontró la empresa al aterrizar en ella hace cinco meses?
—Es una empresa con una estructura muy jerárquica y muy piramidal, con una austeridad en costes y material y una flota vieja, con más edad de lo habitual. Se trata de una empresa despegada de la realidad de la ciudad. Da recorridos muy largos, con una red de líneas sin cambios desde hace diez o doce años, donde en 2007 se intenta hacer un cambio que no deja de ser un mero parche.
—En materia de puntualidad, parece que deja mucho que desear.
—Hay ciudades que tienen una misma frecuencia para toda la red y otras, como en Córdoba, donde cada línea tiene la suya. Personalmente, soy partidario de mantener el sistema de Aucorsa, más que nada porque en atención a la demanda se dará mejor servicio. El pasado 3 de diciembre recibimos a representantes de las barriadas de la periferia y les intenté transmitir que para nosotros un servicio público implica pasar por allí cada 20 minutos o media hora, aunque si nosotros tenemos una buena demanda, podremos mejorar el servicio, pero no podemos tener una frecuencia de cinco minutos en todos los sitios por suponer un coste muy elevado.
—Y más en pleno plan de saneamiento de la empresa.
—Bueno, no es un plan de saneamiento, sino un plan de viabilidad. Lo primero cuando coges una empresa es cortar lo que te sobra, limpiándola de arriba a abajo. Lo que nosotros estamos esbozando es un plan de viabilidad con el objetivo de acercarnos a nuestro cliente, darle un servicio más cercano y acorde a lo que ellos quieren y, mientras, sobrevivir, que no es poco. Un plan de viabilidad implica que si nos sobran dos compañeros, vamos a aprovechar la jubilación de dos personas y que luego nadie entre a cubrir esas bajas.
—Hombre, es que se han hecho cálculos de pérdidas de la empresa por 2,5 millones de euros, hay una sangría permanente de viajeros...
—Yo no quiero mirar hacia atrás ni meterme en anteriores decisiones poco técnicas, porque no quiero perder el tiempo. Quiero sacar adelante esto sin señalar a culpables. Pero ahora la sensación que tiene el usuario es que se monta en un lugar y en muchos casos vuelve a pasar por ese mismo sitio diez minutos más tarde, por lo que piensa que le están engañando. Por eso, tenemos que intentar evitar esos recorridos volviendo sobre nuestros pasos. Otra cosa que queremos corregir en el nuevo plan de líneas es que ir y volver siempre que sea posible se haga por las mismas calles, porque eso ayuda a que la gente interiorice mejor la línea.
—Pero esa idea supone cambiar prácticamente todo.
—Todo no, pero la idea que quiero transmitir es que la distancia más corta es la línea recta, y si nosotros para ir de un punto a otro usamos dientes de sierra, la gente va a preferir ir andando o en coche.
—¿Eso implicaría acortar líneas?
—No. Implicaría ir siempre por los puntos medios. El problema es que todo el mundo quiere una parada en la puerta del vecino, para que el ruido se lo quede él, y hay que entender que el transporte público tiene que tener una velocidad para ser atractivo.
—¿Cuál fue su mensaje para las barriadas?
—Que queremos proponer mucho intercambio de autobuses y la gente va a tener que acostumbrarse si quiere rapidez al trasbordo de líneas. Lo que no es posible es que desde Fátima tengas uno que te lleve al Reina Sofía, otro al centro y otro a la otra punta de la ciudad, ni que en Cañero pase lo mismo. El trasbordo es fundamental.
—¿Sobre el plan de líneas se puede avanzar ya algo?
—Tenemos ya unos primeros borradores a nivel interno de trabajo y la semana que viene esperamos tener las primeras versiones que presentaremos al Ayuntamiento. Lo que no queremos es imponer nada sólo con el criterio técnico. Si hay que dar servicio un poco más allá o más acá, porque hay un centro cívico o algo que se nos ha pasado en la parte técnica, incluirlo, pero sin traumas.
—¿En qué porcentaje va a modificar la actual red de líneas?
—No lo puedo decir, pero no es tirarlo al suelo y hacerlo nuevo. Un plan de líneas nuevo siempre va a empezar perdiendo clientes, porque la gente tiene sus costumbres hechas, y tendrá que pasar un periodo de transición hasta que la gente vuelva a encontrar una línea interesante.
—¿Una de las ideas es que la línea 3 vuelva a la Ribera?
—Sí, porque la vuelta que damos ahora es bastante grande. Y estamos haciendo diseños para que otras líneas, la 9 y la 6, den servicio a toda la zona sur de la ciudad, porque la gente de ese barrio no quiere la 3. La Ribera, descargándola de tráfico, y Cruz Conde son arterias muy importantes para nosotros.
—En ese plan de líneas tiene que basarse el Ayuntamiento para adoptar una decisión sobre Cruz Conde. ¿Aucorsa necesita ese paso por allí de nuevo?
—Ahora mismo, el Casco Histórico puede tener unas cinco hectáreas, con unas 50.000 personas viviendo allí, y desde Fátima hacia el Reina Sofía no pueden salir de ninguna manera. Nosotros necesitaríamos salir por algún sitio y no tenemos forma. Es cierto que se está haciendo un esfuerzo enorme por reducir en al menos una línea completa el tráfico que va a pasar por Alfaros, pero hacia allá ¿cómo pasamos? Ésa es mi duda.
—¿El plan de viabilidad se presupone traumático?
—No tenemos esa idea. Estamos de acuerdo los sindicatos y nosotros en adecuar la empresa a las necesidades que tenemos y a lo que los clientes nos demandan, pero carecemos de la flexibilidad suficiente ahora para adaptarnos a las nuevas necesidades, como la de dar servicio al Hipercor o a Leroy Merlin. Pero no habrá recortes de personal.
—¿En sus encuestas se han llevado sorpresas?
—No tantas. Pero si al principio veía conveniente una red circular, las necesidades de los usuarios nos han hecho ver que en la zona sur sale más interesante tener el arco que hace la línea 2 que una circular.
—¿Con el plan nuevo la red va a ser más atractiva para el usuario?
—Sí, porque el autobús le va a llevar más rápido a los sitios, que era una de las causas de la constante sangría de pasajeros. Pero a los vecinos hay que pedirles a cambio flexibilidad y que piensen que las paradas quizá vayan a estar separadas unas de otras por 300 metros en lugar de los 250 actuales. Eso es porque las líneas cortas no son rentables y seguramente habrá que fusionarlas.
—¿Se va a privatizar Aucorsa?
—No es la idea. Si se fuera a privatizar sí se hablaría de un plan de saneamiento para dejar la empresa lo mejor posible de cara a una posible venta, pero al ser un plan de viabilidad, lo que queremos es que el servicio sea el mejor posible durante todo el tiempo que se pueda.



