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El juicio por el derrumbe de Palomares será a finales de 2012

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Seis acusados se sentarán en el banquillo por el siniestro que costó la vida a un matrimonio

Día 10/12/2011

El 21 de febrero de 2007, el desplome de un muro del número 4 de la calle Palomares, como consecuencia de las obras de vaciado de un solar, acabó con la vida de un matrimonio que en ese momento estaba durmiendo. Sus dos hijos —Maite, ahora mayor de edad, y Antonio— quedaron huérfanos y a la espera de que los seis imputados se sienten en el banquillo para depurar responsabilidades.

Después de cuatro años y diez meses de instrucción, la causa —que ha alcanzado los 3.000 folios— ya está lista para juzgarse: la vista se celebrará a finales de 2012, probablemente en el mes de noviembre, según confirmaron fuentes del caso. El órgano encargado de dictar sentencia será el Penal número 1 de Córdoba.

Los procesados —responsables de la obra colindante a la casa de los fallecidos que, presuntamente, provocó el derrumbe— son el promotor, para el que piden cuatro años y medio de cárcel; el jefe de obra (siete años y medio); el arquitecto técnico (cuatro años y medio); un socio de la constructora (dos años y once meses); el gruista (dos años y medio) y el arquitecto. Este último se enfrenta a un año y medio de prisión por un delito contra la seguridad de los trabajadores y dos penas de año y medio cada una por dos delitos de homicidio por imprudencia.

La clave de la investigación ha girado siempre en torno a la zanja que se estaba realizando junto al inmueble de las víctimas.

Informes

Uno de los testimonios más esclarecedores fue aportado por la arqueóloga de la edificación, quien indicó que la zanja no cumplía lo establecido en el proyecto del arquitecto. Al parecer, se estaba excavando por bataches. Es la técnica utilizada cuando el terreno de la zanja debe soportar cargas a una cota superior a la del fondo de la excavación. Consiste básicamente en practicar las perforaciones por secciones, dejando que parte del terreno siga sosteniendo los muros linderos.

El arquitecto había delimitado la necesidad de excavar por bataches cada cuatro metros, mientras que la zanja anexa a la parte del muro que se desplomó era de 12 —casi el triple de lo proyectado—, y contaba con una profundidad de unos tres metros.

También el informe de los bomberos dejaba claro que los muros de carga eran antiguos, y que la casa no había sido apuntalada por la parte derrumbada durante los trabajos de vaciado del sótano del solar.

Fuentes próximas al caso explicaron a este periódico que desde el punto de vista técnico está «bastante claro» lo que sucedió aquella mañana del 21 de febrero de 2007. Así, mientras que para la excavación del terreno en la mitad derecha del muro se siguieron escrupulosamente los pasos marcados en el proyecto de la obra, en la otra parte se ignoraron, de manera que los cimientos de la pared no pudieron soportar su carga.

Además, el hecho de que el accidente se produjera por la mañana, y no el día anterior, cuando se ejecutó la zanja, también tiene su explicación. El terreno excavado, al quedar al aire, perdió el grado de humedad y, por tanto, el de cohesión de las partículas de tierra. Por ello, sólo hizo falta una leve vibración —la de las máquinas— para que el muro se viniera abajo.

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