Día 12/12/2011
El Consejo de Estado francés, órgano consultivo supremo de este país, ha ratificado que la prohibición del cultivo de transgénicos desde 2008 es ilegal, tal como por otro lado ya sentenció el Tribunal de Justicia Europeo el pasado mes de septiembre. El argumento para este doble y categórico revés al gobierno galo, es que Francia no presentó ninguna prueba científica que justificara riesgo para la salud ni para el medioambiente.
Se ratifica por tanto lo que para los ciudadanos de a pié parece elemental, como es que solo la UE tiene facultades para prohibir cultivos, ya que si no, tal como ha sucedido, se torpedearía el pilar del mercado único, que es esencia de la propia UE.
Ahora quedan dos preguntas. ¿Pueden los productores franceses o la propia industria pedir responsabilidad al gobierno francés? La segunda cuestión es saber qué van a hacer ahora los países que también se han saltado a la torera las normas europeas y que ahora sí disponen de jurisprudencia real que desautoriza sus decisiones.
Entre tanto, se ha echado el freno al desarrollo tecnológico de la UE en este campo, y hemos sido rebasados con contundencia por un importante número de países como EEUU, Canadá, Brasil, Argentina, China, India, etc. Hemos permitido que determinados Estados, sujetos a la fuerte presión de grupos ecologistas, autodestruyan parte del desarrollo tecnológico de todo un sector. ¿Cómo lo verán todos los grupos ecologistas que han basado sus argumentos antitransgénicos en la posición francesa?, ¿aceptarán estas sentencias y reconocerán su error?
En 2010 la superficie mundial de cultivos transgénicos alcanzó las 148 millones de hectáreas, el equivalente a todo el territorio de Estados Unidos. En la UE rondamos las 100.000 hectáreas. Se han perdido ingentes cantidades de dinero y de puestos de trabajo. Pero una vez más, en la timorata UE nadie rendirá cuentas.



