«Muchas personas acuden a nosotros por primera vez obligadas por los crecientes índices de desempleo», afirma el delegado de Cáritas
Día 18/12/2011
La crisis está afectando muy rápidamente la situación de las familias españolas. Cada año somos más pobres. Para sobrevivir, el creciente número de necesitados acude a la caridad para proveerse de comida, ropa y ayuda económica con el único objetivo de pagar sus facturas.
—¿Cómo está la situación?
—En Cáritas hemos constatado un aumento del número de hombres y mujeres que buscan desesperadamente ayuda para salir de su situación. Estamos atendiendo a unas 120 mil personas. Muchas de ellas acuden a nosotros por primera vez obligadas por los crecientes índices de desempleo.
—¿Qué les dicen a ustedes?
—Que jamás hubieran creído que la escasez llegara a sus hogares. Constituyen el nuevo rostro de la pobreza. No hace tantos años eran familias que vivían con absoluta normalidad e incluso se permitían algunos caprichos. Hoy, sin embargo, se encuentran desesperados. No tienen trabajo ni dinero para afrontar el pago de sus hipotecas. Y piden alimentos.
—¿Se pasa hambre en Córdoba?
—Es duro de aceptar pero la realidad es ésa: en Córdoba se pasa hambre. Este año hemos repartido ya cien mil kilos de alimentos. Y la demanda sigue creciendo. Encontramos a personas formadas y con amplia experiencia laboral en graves dificultades económicas, endeudados y desahuciados. Buscan trabajo. De lo que sea. Pero no hay trabajo para todos.
—¿Han aumentado las donaciones?
—Sí. El cordobés es generoso y muchas veces quien menos tiene da más.
—¿Hay mucha gente joven necesitada?
—Constituye la mayoría. Familias de entre 20 y 40 años, con uno o dos hijos pequeños. Sufren verdaderas penalidades hasta el punto de necesitar ayuda en alimentación. También hay hombres mayores de 50 años, sin cabida en el mercado laboral. O separados y divorciados que han agotado ya sus prestaciones por desempleo. Y mujeres solas con cargas familiares.
—¿Duerme mucha gente en la calle?
—Cáritas tiene un programa de atención al transeúnte, la UVI Social. Un grupo de voluntarios recorren cada noche nuestra ciudad durante los meses más fríos para ofrecer asistencia a quienes se encuentran durmiendo en la calle. Atendemos a una media diaria de entre ochenta a cien personas, casi el doble que otros años. La cifra resulta desoladora. Y es real.
—¿Qué les ofrecen?
—Mantas, bocadillos y amistad. Lo que más nos agradecen es la conversación. Ver que alguien se interesa por ellos. Pasan las 24 horas del día sin hablar con nadie. Ninguna persona se les acerca para saludarles o dirigirles la palabra. Son hombres y mujeres invisibles. Su aislamiento social es absoluto.
—¿Nunca ha caído usted en la desesperación?
—He tenido esa tentación pero jamás he caído en ella. La ilusión de Cáritas se apoya en la fe en el Señor que es nuestra esperanza. Sabemos que Dios está con nosotros porque nosotros estamos con los suyos, los pobres. Los pobres son de Dios y Él está también con ellos.
—¿Cómo se imagina usted a Dios?
—Como a un padre. Bueno y misericordioso. Y sobre todo paciente con mi vida.



