Córdoba

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Brotes de libertad

Desde hace 18 años los presos salen de la rutina para recoger kilos de basura en zonas verdes con Sadeco

Día 19/12/2011 - 10.13h

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Cuando una señora que salía la pasada semana a pasear vio en una de las escaleras de la ribera frente al Hesperia más de 50 bolsas de basura de Sadeco y un equipo de música con sus cables sueltos sólo repetía: «¡Qué barbaridad, qué barbaridad! ¿Eso habéis sacado de ahí?». Uno de los presos que está a punto de salir con el tercer grado, satisfecho de su labor, le responde: «Sí, señora, los cordobeses somos bastante guarros, ya ve». Alfonso explica a esta vecina que son voluntarios y que él es uno de participantes en este proyecto de Sadeco llamado «La limpieza del entorno, tarea de todos», un programa de educación ambiental promovido por el Centro Penitenciario de Córdoba y Sadeco que barre los entornos naturales como el Arroyo Bejarano, Cuesta del Reventón, Mirador de las Niñas, Balcón de Europa, el Santuario de la Virgen de Linares o la Ribera. En este último emplazamiento se han dado cita cita para limpiar a fondo esta «tierra de nadie», como asegura el educador del proyecto Rafael Talín. En él participan cada martes de septiembre a junio unos 15 internos de Alcolea, acompañados por educadores, funcionarios y personal de Sadeco. José Enrique y su mujer Blanca son de los limpiadores «habituales», trabajan en prisión, son malagueños pero están en «módulos de respeto», ya gozan de permisos y participan en estos «escuadrones de limpieza». Unas batidas que han logrado sacar de estos enclaves naturales casi un millón de toneladas de basura de todo tipo de forma totalmente altruista desde 1994.

Ángel y Rafa, dos operarios de Sadeco que trabajan con el proyecto recuerdan cómo encontrar hasta un escaparate completo de cristal blindado en medio de El Patriarca o el esqueleto de una moto. El ritmo de limpieza tumba cualquier media laboral de Sadeco. Los sindicatos se deben echar las manos en la cabeza cuando comprueban cómo en más de dos kilómetros esta cuadrilla ejemplar deja en poco más de dos horas impoluto el campo. No hay quien les supere en rapidez y eficacia, la clave está en que están «motivados», destaca Jorge, otro preso y coordinador de los denominados «módulos de respeto» en la prisión de Alcolea.

Para ellos, salir al campo es escapar de la rutina de los muros de la prisión es un chute de energía, les da la vida. Blanca asegura que cada lunes reza para que no llueva los martes y puedan ir a limpiar. A ninguno de los presos que han pasado por este programa en los últimos 18 años se le ha ocurrido nunca huir, «es absurdo, somos como una pandilla de amigos que sale al campo, y sabemos que tenemos que cumplir», cuentan. Pilar, cordobesa de pura cepa, mira hacia el Sector Sur desde la ribera y dice «ya ves, lo cerca que estoy de mi casa, y sin embargo tengo que pensar que pronto estaré con algún permiso».

Olvidándose del presidio, a las 11.00 horas hacen una parada para recuperar fuerzas y se toman un bocadillo de jamón, «del bueno», apostilla el trío de jóvenes José, Jona e Israel. Unos veinteañeros, como Jorge, que trabajan en prisión, hacen cursos de formación de electricistas y quieren salir para achuchar a sus pequeños. Pese a su juventud, todos son padres de familia, y tienen dos y hasta tres hijos pequeños que les esperan en casa. Todos cuentan los días que faltan para salir con un permiso de Navidad.

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