Día 26/12/2011
ES necesario que España tenga una nueva posición de fuerza en la gestión del futuro de la PAC. El bajo perfil político de Elena Espinosa y la transitoria gestión preelectoral de Rosa Aguilar no fueron una base para conformar un gobierno fuerte en este campo. Ahora, con independencia de la recuperación del nombre agrario, el nuevo ministerio deberá reforzar un perfil con profundo conocimiento y sensibilidad, y con peso político específico, de tal manera que favorezca una defensa real y objetiva de nuestros intereses. El nuevo ministro, Arias Cañete, ya demostró capacidad para ello en tiempos de Aznar; ahora su reto es más complejo.
Es importante frenar el frecuente uso como moneda de cambio que se hace de este sector, que en muchas ocasiones perjudica de forma directa al agro español; caso de las negociaciones con Mercosur y Marruecos. Es imprescindible mejorar la política de comunicación del nuevo ministerio, más allá del propio sector, orientada a poner en valor el agro en el global de la sociedad española. También se debe continuar con el apoyo al sector agroalimentario, como abanderado de un sector moderno y de calidad, pero siempre vinculado al sector agrario.
Por otro lado, las múltiples empresas y otras entidades dependientes de la administración posiblemente sean reestructuras. Es cierto que un exceso de dimensionamiento de la administración agraria y una exagerada externalización de servicios, ha supuesto una pérdida de eficiencia en buena parte del tejido funcionarial. Si se parte de la base de que estos recursos humanos están en su mayoría altamente cualificados, licenciados e ingenieros superiores que además han superado duras oposiciones, este reciclaje puede ser bueno para dotar de dinamismo a la administración y eliminar cargas externas innecesarias en tiempos de crisis. El cuerpo de funcionarios del estado no es el problema, sino buena parte de la solución.



