El sector del aceite de oliva está dando la voz de alarma ante lo que empieza a ser un «problema estructural» y no sólo coyuntural: la actual es ya la cuarta campaña en la que los precios de venta en origen están muy por debajo de los costes de producción, y en esta situación «hay muchos que de verdad no van a poder aguantar más», según la responsable del Departamento Técnico de Asaja-Córdoba, Consuelo Ariza.
En concreto, los precios del aceite de oliva virgen extra se sitúan en la provincia en 1,90 euros por kilo, mientras que producir esa cantidad ronda, según estimaciones del Ministerio de Agricultura, los 2,49 euros, es decir un 24 por ciento más de lo que rendiría al bolsillo del productor.
«Eso es lo mismo que la ruina», se aventuró a señalar, por su parte, el secretario provincial de UPA, Francisco Cobos, quien, no obstante, matizó que al precio de origen hay que sumarle luego las ayudas de la Política Agraria Común (PAC), calculadas en unos 60 céntimos de media, con lo que «los agricultores se limitan a no perder demasiado».
Además, siempre hay que tener en cuenta que se trata de una media, puesto que en un extremo están los olivares de sierra y baja producción, que sí que pierden, mientras que los extensivos y los de producciones elevadas, ganan.
Se trata de unos precios que, «céntimo arriba, céntimo abajo», son válidos para el resto de Andalucía, que, a la postre, produce 1,1 millones de toneladas los 1,4 que se están consiguiendo últimamente en España.
Cosecha actual excelente
A eso hay que añadir que la actual cosecha está siendo excelente, tanto en calidad como en cantidad, puesto que la falta de lluvias ha mantenido el fruto en el árbol. Cuando se ha recolectado ya el 50 por ciento de la producción en Córdoba, a una media de 3.000 toneladas diarias, se llevan recogidas ya 130.000 toneladas, pero las previsiones son que para marzo la cifra alcance los 260.000. Y eso es mucho aceite para volcar en el mercado.
Según el sector, son varias las razones que impiden que el aceite despegue de una vez y evite los famosos dientes de sierra en su cotización. Por lo pronto, el último almacenamiento privado de 44.000 toneladas no fue ni suficiente ni se llevó a cabo con la suficiente celeridad, por lo que desde la Consejería de Agricultura se ha trasladado al nuevo Ministerio la necesidad de que se ponga en marcha un nuevo almacenamiento privado, entre otras cosas, porque «llevamos dos semanas seguidas con precios por debajo de los que desencadenan este mecanismo», recordó Consuelo Ariza.
Pero si no se actualizan esos precios de referencia, que proceden de 1998, ni la cantidad que se puede almacenar (calculadas cuando las cosechas eran de 500.000 toneladas) «su utilidad es nula», consideró Cobos.
Igualmente, se reclama al Tribunal de Defensa de la Competencia que esté pendiente de las «prácticas abusivas» por parte de la distribución, ya que las grandes superficies usan el aceite de oliva como producto reclamo «a precios de risa» y las llamadas marcas blancas compiten en el mercado interior muy duramente con las marcas habituales.
A eso hay que añadir que los productores, tras la Navidad, necesitan liquidez para pagar a los jornaleros, con lo que «el aceite que ya se está vendiendo es la distribución la que saca provecho de esa necesidad tirando de los precios hacia abajo», abundó Asaja.
Y es que la atomización de la oferta «va a terminar siendo la muerte lenta de este sector, porque entre todos estamos matando a la gallina de los huevos de oro y nadie mueve un dedo por evitarlo», advirtió, entre tanto, Esteban Carneros, responsable de comunicación de Hojiblanca. Valga como ejemplo que en España hay 1.700 almazaras, de las que 200 están organizadas para vender el aceite en común (la mitad en Hojiblanca), mientras que enfrente sólo hay cinco compradores, el principal de ellos Deoleo, de capital español.
«Tenemos que abaratar costes y dejar de hacer la guerra cada uno por su cuenta de forma chovinista; necesitaríamos un banco central del olivo que obligue a unirnos como se ha hecho con las entidades financieras», sentenció Carneros. De otro modo, únicamente habrá reacción, tardía, cuando empiecen a desaparecer almazaras y explotaciones.




