El juez tumba la versión del padre ya que «llamó a su hermano antes incluso de haber perdido a sus hijos»
La reconstrucción de los hechos que se llevó a cabo el pasado día 20 de octubre en el parque Cruz Conde certificó una vez más que el padre de los niños Ruth y José mintió en su relato de cómo perdió a sus hijos. Y es que, según el auto del juez al que ha tenido acceso ABC, la versión que defiende el imputado es «imposible» si se tienen en cuenta los tiempos, las distancias y la información aportada por el móvil de Bretón y las cámaras de tráfico.
El auto del juez deja meridianamente claro la «imposibilidad física de realizar los movimientos que (Bretón) refiere hizo con sus hijos cuando manifiesta que los perdió y hasta que realiza la llamada a su hermano» para referirle esta circunstancia.
Para llegar a esta taxativa conclusión, el titular del juzgado de Instrucción, número 4 de Córdoba, José Luis Rodríguez Lainz, se apoya en la exhaustiva medición de los tiempos que se produjo en aquella «tristemente mediática» reconstrucción de los hechos en la que cada paso de la historia de Bretón fue medido por el propio juez con un cronómetro que dejó en evidencia el relato del único imputado por la desaparición de sus hijos.
Un margen de diez minutos
Para desmontar el relato de Bretón el juez toma como referencia los datos que se obtienen del teléfono móvil del padre de los menores. A las 18.08 horas, Bretón envía un mensaje a su hermano, vía «whatsapp», en el que le dice que «esto está lleno de gente, he tenido que aparcar lejos». Al ser preguntado por su hermano sobre dónde está, el padre de Ruth y José asegura que está en la Ciudad de los Niños y que no puede quedar con él porque «cualquiera se lo dice a los niños, como no sea cuando se harten».
Diez minutos y tres segundos después de este mensaje, a las 18.18 horas se produce la llamada de Bretón a su hermano para informarle de que ha perdido a los niños y pidiendo su ayuda. Este intervalo de diez minutos es clave para entender la importancia de la reconstrucción de los hechos que 12 días después se realiza en el parque de Cruz Conde.
La primera mentira de Bretón se refiere precisamente a ese mensaje que cruza con su hermano y que está registrado en la investigación. Cuando el padre de los niños es preguntado por el juez sobre su ubicación, niega que estuviera en la Ciudad de los Niños—como le había asegurado a su hermano—.«El imputado insiste en que se encontraba dentro de su coche en ese momento, pero toda la información adyacente lo sitúa en el entorno de la Ciudad de los Niños. Incluso da a entender que estaba ya dentro», reza el auto.
Un trayecto «imposible»
Lo que Bretón no prevé es que con esta nueva versión que facilita, su historia es aún más rocambolesca. Tomando como única referencia válida esos diez minutos que transcurren entre el mensaje y la llamada a su hermano—datos certificados por las cámaras de tráfico—, el juez autoriza la reconstrucción de los hechos que prueba «la imposibilidad física de realizar los movimientos que refiere que hizo con sus hijos hasta que realiza la llamada a su hermano».
De esta manera, aceptando la nueva versión de Bretón, el reloj comienza a contar desde la calle Pintor Espinosa, lugar en el que el acusado aparca su coche, y «sin contar el tiempo que emplea en sacar a los menores del vehículo» se contabilizan «7 minutos y 48 segundos» hasta el punto del parque en el que Bretón asegura pierde de vista a los menores.
Todo ello en las circunstancias de presión mediática y carreras en las que se produce aquella reconstrucción «a un ritmo incluso más acelerado que el de un adulto» y que por supuesto no podrían seguir un padre con dos niños pequeños. «Qué decir de la inusitada velocidad de sus hijos que casi le llevan a tardar menos tiempo que la acelerada comisión judicial». ironiza el auto.
Una vez en el parque, con Bretón sentado en la barra de ejercicios en la que refiere perdió de vista a los menores, se contabilizan 7 segundos más. Hay que sumar otros dos minutos que son los que se estima tardó en bajar a los niños del coche—«30 segundos»— y cruzar la vía que circunda al parque— «un minuto y medio»—.
Con esto la suma llega a los «9 minutos 56 segundos; qué menos que cuatro segundos para mirar José de un lado a otro, otros siete para llegar a la zona de los árboles donde pierde de vista a los niños y otros diez segundos para localizar el teléfono de su hermano y pedir ayuda».
El total de este conteo marca 10 minutos y 17 segundos cuando la distancia temporal entre el mensaje y la llamada de auxilio a su hermano es de 10 minutos y 3 segundos. Con este dato, la conclusión es que en la historia que defiende Bretón «nos daremos cuenta de que habría hecho la llamada a su hermano para transmitirle que había perdido a los niños incluso antes de haberlos perdido efectivamente». A esto hay que añadirle lo siguiente: «¿Qué pasó con el tiempo en el que desesperadamente Bretón estuvo buscando de un lado a otro a sus hijos, según se cronometró más de nueve minutos?». La historia de Bretón, una vez más, no cuadra.