En 1962 varias cofradías suspendieron su salida o la hicieron «bajo mínimos» al alcanzar el punto más agudo de la crisis iniciada años atrás
Día 05/03/2012
En 1962, hace exactamente medio siglo, la Semana Santa de Córdoba tocó fondo. Ese año, la crisis que se había iniciado al cambiar la década, y que se prolongaría durante otros diez años, alcanzó su punto más bajo con la incomparecencia anunciada de varias cofradías. Por lo pronto, fue la última ocasión en que se mantuvo el experimento de llevar la carrera oficial a los alrededores de la Catedral: fueron tres años, con otros tantos recorridos para la carrera oficial, que no acabaron de cuajar. Y tal vez nunca sepamos si la crisis de las cofradías fue el detonante del fracaso o éste la mecha que hizo estallar el «sálvese quien pueda». El caso es que a la Semana Santa de Córdoba le aguardaba una época de vacas muy flacas.
En 1962 se impuso una distinción bastante peculiar en el programa: el guión oficial establecía una «carrera oficial» que discurriría por Torrijos, Cardenal Herrero, Puerta del Perdón, Patio de los Naranjos, Puerta de Santa Catalina, Magistral González Francés, Cardenal González, San Fernando y Diario de Córdoba.
Pero había también un «itinerario obligado» que debía cubrirse en un sentido u otro, a elección de las cofradías, antes o después del oficial, y que empezaba en la plaza de José Antonio (Tendillas) para seguir por Jesús María, Ángel de Saavedra, Blanco Belmonte, Conde y Luque, Deanes, Manriques, Campo Santo de los Mártires y Amador de los Ríos. No obstante, el caos era tal que incluso algunas cofradías se vieron exoneradas de cubrir este recorrido obligatorio: así, la Merced, el Prendimiento, el Huerto, Jesús Caído, Cristo de Gracia, Angustias y Descendimiento quedaron «libres» de esta obligación.
El itinerario pretendidamente «obligatorio» era una forma de hacer que las cofradías pasaran por el centro de la ciudad, como concesión del Ayuntamiento a las quejas que, en los años anteriores, habían mostrado los establecimientos comerciales al ser «abandonados» por la Semana Santa. Y no debían de estar muy claras las cosas cuando el Consistorio tuvo que publicar en la prensa local una nota defendiendo el itinerario que se acaba de señalar; es más, el programa oficial y definitivo sólo se anunció la víspera del Domingo de Ramos, que ese año fue el 15 de abril.
Pero la muestra más clara del mal momento que atravesaban las hermandades está en la nómina de las que se anunciaban: eran diecinueve, cuatro menos que el año anterior. Cada uno de los cuatro primeros días faltaría a su cita una cofradía: la Esperanza, el Remedio de Ánimas, la Expiración y la Misericordia.
El Domingo de Ramos lo abriría el Rescatado. Desde mucho tiempo atrás Córdoba estaba sin «Borriquita», que saldría en su versión actual el año siguiente, pero como hermandad filial del Prendimiento. Venían después el Amor y las Penas de Santiago, y faltaba la Esperanza, que ese año no salió. En total, hubo tres pasos en la calle el primer día. Hoy son catorce. La hermandad de los Padres de Gracia presentó su paso terminado, pero dejó en casa a la Virgen de la Amargura, que había salido desde mediados de los años 40.
Sin Ánimas
El Lunes Santo faltó la hermandad del Remedio de Ánimas, que durante unos años estaría ausente de la Semana Santa; la peculiar cofradía de San Lorenzo fue la que había encabezado, el año anterior, la «rebelión» contra la carrera oficial. Ese día sólo iban a salir las corporaciones de la Sentencia y la Merced, cada una con un solo paso, pero la lluvia hizo su aparición y sólo llegó a la Catedral la hermandad de San Nicolás. La Merced, que estrenaba el paso del Señor de la Coronación y una banda propia de cornetas y tambores, se volvió en la Victoria al caer las primeras gotas.
El Martes Santo fue la Expiración la que se quedó en casa. Ese día sólo comparecieron en las calles las hermandades del Prendimiento y la Oración en el Huerto, aunque ésta lo haría por última vez, ya que al terminar la Semana Santa se disolvió y estuvo extinguida hasta su reorganización de 1974, si bien sólo regresaría a las estaciones de penitencia en 1976. Y hubo otra anécdota que se sigue recordando: el paso de la cofradía salesiana no entró al Patio de los Naranjos al no permitirlo ni sus dimensiones ni la maniobra con ruedas.
El Miércoles Santo se anunció que faltaría la Misericordia, precisamente en el año en que cumplía sus bodas de plata fundacionales. Pero finalmente, con una procesión que se organizó en tres días, acabó cubriendo el recorrido previsto. La hora de su entrada en carrera oficial da escalofríos en nuestro tiempo: las doce y media de la madrugada.
El Jueves Santo no hubo novedades, y salieron el Caído, la Caridad, Gracia y las Angustias. La hermandad decana, en su segunda salida desde San Pablo, presentó dos estrenos significativos: la cruz de guía de Díaz Roncero que sigue utilizando y el guión del Caudillo que formó parte de su cortejo hasta 1975, y que hoy es sólo una pieza de museo.
El traslado de la carrera oficial a la Catedral y su larga extensión obligaron a la hermandad de la Buena Muerte a salir en la tarde del Viernes Santo; junto a los congregantes desfilaron el Descendimiento, la Virgen de los Dolores, que estrenó los candelabros de cola de Armenta, y el Santo Sepulcro. Y para acabar de confirmar con tristeza el mal momento, la procesión del Resucitado, anunciada para el Sábado Santo por la tarde, hubo de suspenderse al caer un fuerte chaparrón.



