Día 10/03/2012
La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Córdoba ha condenado —tras el acuerdo de las partes— a 7 años y 7 meses de prisión a R.J.F.R. acusado de maltratar a su mujer, a la que agredía en una habitación de la vivienda común, denominada el «confesionario», destinada a tal fin. De este modo, ha visto reducida la pena solicitada en un principio por la Fiscalía, que ascendía a más de 17 años.
El fiscal apuntaba en su escrito de conclusiones provisionales que desde que la pareja contrajo matrimonio en enero de 2011, el procesado «comenzó a ejercer un control desmesurado sobre su mujer, tratando de aislarla tanto familiar, como social y laboralmente».
En este sentido, «eran constantes las agresiones del procesado a la víctima, desde patadas en el estómago, tirones de pelo, bofetadas y puñetazos, lo que hacía habitualmente en una habitación del domicilio a la que llamaban “el confesionario”», explica. Tras estos episodios violentos, el acusado «obligaba a la mujer a que mantuvieran relaciones sexuales sin su consentimiento» bajo el pretexto de que «tenía que tranquilizarlo».
Vejaciones constantes
Para conseguir la sumisión de su esposa, el encausado solía romper objetos, como vasos, puertas y hasta ordenadores, para intimidarla. También era habitual en el trato diario que el acusado profiriese a la mujer expresiones tales como «no vales para nada, por eso Dios no te dio hijos» o «eres tan mierda que no puedes ni hablar ni pensar, me da asco sólo oírte».
Además, para humillarla, según apunta el Ministerio Público, le tiraba la comida por las paredes para que ella tuviera que recogerla, o le escupía la bebida en la cara, además de otros comportamientos para menospreciarla.
El acusado seguía cada paso que daba la víctima y trataba por todos los medios de controlar lo que hacía y le prohibía que hablase con sus compañeros, «o con cualquier hombre».
Igualmente, elegía toda la ropa que la mujer debía ponerse cada día para que fuera larga y ancha, «incluso la interior», y le impedía que se maquillase y que usara pendientes. También verificaba sus gastos y siempre que regresaba de la calle «la examinaba y olía».



