Numerosos via crucis y besapiés llenaron ayer de oración las calles de Córdoba en el tramo final de la Cuaresma
Día 31/03/2012 - 10.00h
Para simbolizar el rosario de actos piadosos del Viernes de Dolores cordobés, bien podría pintarse una gran cruz sobre el plano de la vieja ciudad. Una cruz que con trazos juveniles naciera en la barriada de electromecánicas y fuera envejeciendo, y tornándose sepia su tinta, hasta la iglesia de los Trinitarios. Que cruzase después de Norte a Sur, desde la Huerta de la Reina, pasando por la Trinidad, al recogido barrio del Alcázar Viejo. Que tuviese su necesaria intersección en los alrededores de la plaza de Capuchinos, para besar la mano de la Paz, o sentir como a los cordobeses se les encoge el corazón ante el desgarrador dolor de Nuestra Señora.
Una cruz naciente en el jovencísimo proyecto de hermandad de la Conversión, que realizó su primer Vía Crucis penitencial con el Santísimo Cristo de la Oración y la Caridad, obra de Juan de Ávalos, acompañado por la pujante agrupación musical del Santísimo Cristo de Gracia. Cristo mexicano que precisamente en el otro extremo de este imaginario patíbulum, —que tal nombre recibe en las cruces el tramo horizontal— se expuso en besapiés, a la vez que la vecina y venerada imagen de Jesús Rescatado presidió su via crucis.
Remedio de Ánimas
Catorce estaciones que se repitieron como un eco en ese eje cofrade de la antigua capital. El incienso se arremolinó en una nube torno al Remedio de Ánimas, o ascendió desde María Auxiliadora con el Prendimiento, para desde allí contemplar como volía, solemne y elegante, cargado de devoción, el Cristo de la Misericordia a su vieja casa de la Magdalena, culminando un septuagésimo quinto aniversario ejemplar.Incienso que, detenido un momento en san Andrés para besar las plantas del que allí carga amoroso con la Cruz, llevó la Imagen yacente del Hijo de Dios a los brazos de su venerada Madre de las Angustias en San Pablo, y buscó añorados recuerdos monjiles para el Señor de la Sangre ante el convento del Cister. La clásica imagen de Pasión, caminaba discreto por las calles de su bello barrio mientras el Cristo de la Providencia recorría la Trinidad entre los cantos infantiles de su escolanía, todavía sin su soñado paso que le lleve a la Catedral, aunque más solemne aún que otras veces en el estreno de su fraternidad, en la que la Obra Pía y varias cofradías se han volcado.





