Día 04/04/2012 - 09.19h
LLEGAN como un goteo constante. Los hay que vienen con dolores y calambres en las piernas, hombros y la zona lumbar después de haber salido ya en procesión; otros, sin embargo, acuden al Centro de Atención al Costalero, un servicio que desde 2001 viene poniendo en marcha el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Andalucía, «para prevenir, porque salgo esta tarde por ayer con la Santa Faz», explica Nacho Rodríguez, quien entonces desconocía que su cofradía finalmente no iba a poder salir por la lluvia.
Pero la enorme mayoría se marcha con una sonrisa en la boca, después de que los seis profesionales que ayer se encontraban trabajando en el centro ubicado en el gimnasio Aquazul les dejara «como nuevo», ya fuera a base de masajes, termoterapia o electroterapia. Y todo ello enmarcado en un entorno que rezuma historia por los restos arqueológicos allí conservados.
Ayer fue el segundo día que abría la atención al costalero, y ya al mediodía por su interior habían pasado o permanecían esperando una docena de personas de todas las edades. «El lunes tuvimos aquí a 19 costaleros y les podemos dedicar a cada uno media hora, con lo que podemos atender a un número limitado», comenta Daniel García, uno de los coordinadores, junto a Cristina Moreno, del centro en Córdoba.
Entre los pacientes acuden auténticos habituales, como Sergio Martín, sevillano que este año pretendía salir con la Estrella y que ya fue atendido por este servicio la pasada Semana Santa en su ciudad natal, o Rafael Millán, más conocido como «El Limpio», perteneciente al Prendimiento, quien arrastra de antiguo una lesión de tobillo que le obliga a tratarse cada vez que sale bajo un paso. «Este año tengo también el hombro tocado, pero me cuido mucho participando en maratones y medias maratones», asegura. Por su parte, Javier Molina, de la Misericordia, se lesionó en el último ensayo del pasado 23 de mayo, y no acudió al centro antes «porque no sabía nada de su existencia. Lo descubrí al verlo en la televisión». Para que digan que los medios no son útiles.
La Priostía
J. M. COLLANTES





