Antonio López tiene mucho que contar, no sólo por los años vividos sino por la trascendencia de las experiencias acumuladas
Día 15/04/2012
Nació en la localidad cordobesa de Luque. Empezó a trabajar de niño en el campo y, luego, vino la traumática experiencia de la Guerra Civil. Antonio López, ya casi centenario, asegura no temerle a la muerte y se muestra optimista sobre el futuro.
—¿Cuál es el secreto de la longevidad?
—Tener suerte es lo más importante. Aunque nuestras acciones y circunstancias también influyen creo que cada uno de nosotros posee un destino que no depende de él.
—¿Ha sentido muchas veces ese destino?
—Con 18 años me llamaron para ir a la guerra. Tenía que participar en la Batalla del Ebro en la que murieron cientos de miles de españoles. A los treinta últimos de mi compañía decidieron trasladarlos a la Plana Mayor. Y yo estaba entre ellos. Así me libré de ir al frente. Pura suerte.
—¿Cree que volveremos a repetir una Guerra Civil?
— Algo habremos aprendido para evitar salvajadas semejantes. La situación hoy es muy distinta a la de entonces. Puede que la crispación política sea similar pero existe una diferencia esencial: en aquellos años se pasaba hambre. No se conocían los subsidios ni las ayudas. Los hombres se sentaban en la plaza del pueblo y esperaban a que llegaran los terratenientes para elegir a unos cuantos y llevarlos a trabajar al campo. Esos pocos y sus familias tenían para comer. El resto, no.
—¿Cómo es el primer día de una guerra?
—La noche del 17 julio de 1936 la había pasado en el campo, cuidando el ganado. Cuando llegué al pueblo nos dijeron que la guerra había empezado. La gente se quedó en sus casas. Durante un mes nadie se atrevía a salir a la calle. Teníamos miedo. Muy pronto empezaron las detenciones. Y los fusilamientos.
—¿Cómo ve usted el mundo del 2012?
—La humanidad ha mejorado mucho gracias a los avances tecnológicos pero los seres humanos siguen siendo igual de egoístas. Hay cosas que nunca cambiarán. Si no piensas en los demás los problemas económicos no tendrán solución.
—¿La crisis nos hará madurar?
—En los peores momentos es cuando sacamos lo mejor de nosotros mismos. Aprendemos a base de golpes pero es preciso tener la voluntad de aprender. Yo descubrí lo que era el mar en febrero de 1942 cuando crucé el Estrecho de Gibraltar para ir a África y completar así los ocho años de servicio militar obligatorio. Ya entonces era consciente de lo mucho que ignoraba. Me crié en el campo, entre braceros y animales. Sin saber leer ni escribir. No quería para mi hijo esa vida.
—¿Qué sugiere para salir del pozo?
—Los mayores nos adaptamos mejor porque hemos vivido tiempos peores. Recomendaría no gastar más de lo que se gana. Y resistir. Pero nos hemos acostumbrado a vivir bien y es posible que se nos haya olvidado apreciar lo que tenemos.
—¿Es usted optimista?
—Soy optimista. Después de los tiempos malos vienen tiempos mejores. Siempre ha sucedido así. Lo que debemos tener es ánimo y no dejarnos arrinconar. Ni le tengo miedo a la muerte ni pienso en ella. De niño quería saber cómo iba a ser el año 2000 y lo he visto. Ahora quiero llegar a los cien años. Me gusta vivir.



