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El acusado pasó «noches enteras» en la parcela ideando la desaparición

Fue 11 veces a la finca en 22 días, habló con un amigo policía sobre la seguridad en la Ciudad de los Niños y «ensayó» con sus sobrinos dejándolos solos

Día 09/05/2012 - 08.55h

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Ruth se arrepentiría de su decisión. Le impondría un castigo que jamás olvidaría. Haría desaparecer su tesoro más preciado: sus hijos. Ésa fue la obsesión que se apoderó de la mente de José Bretón desde el momento en que su mujer le dijo que ya no estaba enamorada de él, desde que aquel 17 de septiembre le comunicó su decisión de romper definitivamente con la relación. A partir de ahí, comenzó a preparar su atroz plan.

Ésa es la tesis que mantiene el juez que instruye la causa, José Luis Rodríguez Lainz, tal y como refleja en su auto de procesamiento contra el progenitor, al que ha tenido acceso ABC. Así, el hasta ahora único encausado, obcecado por el hecho de haber visto desmoronarse su esquema de vida familiar, decidió urdir su estrategia en la finca de sus padres, en Las Quemadillas. Así, «comenzó a ir allí en numerosas ocasiones (al menos 11) durante el periodo comprendido entre el 15 de septiembre y el fin de semana del 7 al 9 de octubre de 2011, haciendo creer a su familia su intención de realizar reformas en la casa», dice el togado. Es más, «llegó a estar noches enteras estudiando y dando cumplimiento a su plan preconcebido, mientras que, a la vez, analizaba las distintas posibilidades de actuación a las que podría tener que hacer frente». La manifestación de un vecino, que asegura haber visto la luz encendida de las dependencias de la planta superior de la vivienda tras caer el sol, apoyan la tesis del juez.

¿Y cómo fraguó su fatal propósito? Primero, según el titular de Instrucción 4, tenía que hacer todo lo posible para que los pequeños estuviesen con él el día elegido para llevar a cabo su plan. Según el régimen de visitas que había establecido con Ruth, el fin de semana del 7 al 9 de octubre le «tocaba» quedarse con los pequeños. Y exigió que así fuera, «pese a la propuesta favorable de cambio planteada por su esposa, incluso pagando el precio de renunciar a asistir a la boda de su mejor amigo el viernes 7, y , a su vez, perderse sus hijos el bautizo de un primo la semana siguiente, que correspondería que estuviesen con la madre», dice el auto.

Una vez solucionada esta «traba», comienza sus visitas a Las Quemadillas. Según Lainz, José Bretón tuvo mucho tiempo de preparar entonces las famosas pistas falsas: «Así, localiza restos de pequeños roedores para tirar a la hoguera que hizo la tarde de autos; selecciona el contenedor de basura que no se corresponde con su camino natural donde el 8 de octubre arrojaría una bolsa sospechosa, sin duda, al comprobar que le permitiría facilitar su coartada (parte de la imagen que graba una de las cámaras del Centro de Inserción Social (CIS) se pierde por la existencia de obstáculos, pudiendo generar la duda de lo que habría tirado); coloca en el lado donde se sentaba el niño dos parasoles para dificultad la grabación de las cámaras del CIS y de Joylu; y podría haber ideado colocar una huella única de pisada y una sábana junto a la orilla del río».

El juez dedica un amplio párrafo a un episodio de trascendental simbolismo que, desde su punto de vista, refuerza la imputación de Bretón. La última vez que Obdulia Ramos, la abuela materna, ve a sus nietos en Huelva sucede algo curioso: el encartado, que siempre se encargaba de la rutina de guardar el equipaje en el maletero, no lo hizo en esa ocasión, sino que puso las bolsas de los niños en el asiento delantero derecho.

«La razón de que ocultara el maletero a la vista de suegra no puede ser otra que el hecho de que llevara dentro todo el dispositivo de objetos destinados a dar cumplimiento a su atroz designio criminal», aventura Lainz.

Además, días antes de la nefasta fecha, Bretón llegó a realizar «un experimento con sus sobrinos sobre cuál sería la actitud de dos niños a quienes se dejara solos durante un determinado espacio de tiempo. De este modo estaba fraguando una posible explicación de la actitud que podrían tener ..., incorporando esta experiencia a la simulación que tendría que representar la tarde del sábado 8 de octubre».

Es más, el imputado preguntó a un amigo policía acerca de las medidas de seguridad con que cuenta el recinto de la Ciudad de los Niños, «dándole a entender que no había ido nunca a dicho lugar, pese a haber estado con sus hijos su familia en, al menos, tres o cuatro ocasiones antes». Sin embargo, en esa conversación no salió a relucir la existencia de una cámara de seguridad en la entrada misma del recinto lúdico, con la que, con total seguridad, no contaba el encartado, y que sería fundamental para desmontar su coartada.

A pesar de todo, de haber preconcebido su estrategia, también planeó dar una última oportunidad a su mujer —algo que refuerza esa premeditación—. Y lo hizo con dos actos inusitados para él, como regalarle flores y escribirle una carta. «Y ante la falta de una respuesta, espera hasta el último momento para pasar a la fase de resolución (llama por teléfono a su esposa a las 13.50 horas del día de autos para exigir contestación)».

Existen otros indicios relativos ya al 8 de octubre que remarcan, según Lainz, el carácter premeditado de la actuación de Bretón. Por un lado, «mintió a toda su familia la mañana del 8 de octubre al hacerles creer que había quedado con unos amigos suyos para comer».

Además, tomó la decisión de estar ilocalizable hasta que llegó al entorno del Parque Cruz Conde. Y llama la atención, puesto que «el propio encartado reconoce una auténtica obsesión por tener siempre activado su iPhone .... Pero más preocupante es el hecho de que probara dos veces la desconexión de su Latitude (aplicación que permite la localización del dispositivo)».

Más indicios

A esto se suma la hoguera que realizó en la finca con el objetivo de despistar a los investigadores; y la confusión que trata de generar cuando sale de la parcela y deja una bolsa en un contenedor —pese a haber otro antes en su camino—, y otras dos en otro más distante.

Ya en el Parque Cruz Conde existen datos que sugieren que Bretón intentó ganar tiempo para determinar in situ el punto de la supuesta desaparición. Entre ellos, destaca la información que dio a su hermano Rafael sobre dónde se encontraba, información que no casaba con los datos facilitados por el programa Latitude de si iPhone (el procesado aseguraba que estaba en su coche, en la calle Pintor Espinosa, pero el móvil lo situaba en la Ciudad de los Niños).

También apoyan esta tesis el itinerario que, según Bretón, escogieron sus hijos hasta llegar al parque desde el turismo. «Los niños eligen no sólo el camino más largo, sino el más difícil .... Todo hace pensar que el procesado escoge este recorrido con la idea de poder ser visto por el menor número posible de personas».

Pese a su calculada estrategia, es muy posible que el cruce de conversaciones con su hermano le hiciera «perder los papeles o la orientación espacio-temporal ...». Por cualquier motivo, a Bretón se le «quebró la sangre fría», «pierde su autodisciplina y se coloca en una posición de muy difícil salida cuando se ve grabado por la cámara de la entrada de la Ciudad de los Niños», dice Lainz.

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