Córdoba

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Las raíces de la Flor del Carmelo

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Aunque muchos no la vieron en la calle hasta 2000, la Virgen del Carmen tuvo cultos y procesión desde el siglo XVII

Día 09/05/2012 - 08.51h

La historia de las cofradías, de Semana Santa o de gloria, es de altibajos, así que a nadie extrañará que una corporación que había tenido 2.167 hermanos en el siglo XIX y que a mediados de la centuria siguiente había hecho una procesión multitudinaria con cortejo kilométrico y tres pasos, estuviera luego sin salir a la calle treinta años, aunque la devoción no se apagara nunca y renaciera con toda su fuerza.

En el año 2000, cuando volvió a salir, dos generaciones de cordobeses no habían visto en la calle a la Virgen del Carmen de San Cayetano, pero su historia y la de su hermandad tienen hondas raíces que ahora sustentan, con las ramas nuevas, la coronación del próximo sábado.

El padre Juan Dobado recuerda para ABC la historia de la hermandad y de la devoción, que nace con el convento de San José en el siglo XVII. Es lo corriente en la orden de los carmelitas descalzos, que en cuanto se establece hace crecer la devoción a la Virgen del Carmen. «Era por lo general más parecido a lo que hoy entendemos por una asociación, porque los frailes llevaban más el peso y fomentaban más una vida religiosa», relata. En la centuria de 1600 ya está documentado que sale en procesión, aunque de forma indirecta: «Se le hizo a la Virgen un hábito y una capa para sus procesiones o se compraron las andas». No se hablaba de la imagen, aunque es probable que fuese muy sencillo.

Signos de pujanza

En 1725 la hermandad pagó la artística decoración pintada de San Cayetano, «lo que era un signo de pujanza económica» y de poco después es el hábito más antiguo de la imagen. El que ya estuviera a la medida de la titular actual sustenta la atribución de la imagen al escultor cordobés Alonso Gómez de Sandoval, aunque es algo todavía incierto. La etapa que Fray Juan Dobado llama «cofrade» sí tiene una fecha exacta de comienzo: el año 1787. «En ese momento se abre un libro con la carta del general de la orden y se apuntan los hermanos por orden alfabético», dice, mientras explica cómo aquí comienza «uno de los grandes periodos de esplendor de la hermandad, que dura hasta 1970 ininterrumpidamente».

En 1835, cuando por la Desamortización se expulsó a los carmelitas descalzos, la hermandad se hizo cargo de San Cayetano y celebraba sus juntas en la parroquia, lo que ha permitido un periodo muy bien documentado. «Entre 1860 y 1870, Teodomiro Ramírez de Arellano, el autor de los “Paseos por Córdoba”, era miembro de la Junta de Gobierno», relata el sacerdote.

Mantener la iglesia era muy costoso, para una hermandad que además debía cumplir sus fines. Por eso escribieron en 1877 una carta a la Reina Isabel II pidiendo ayuda. «No hay respuesta, pero en el siguiente registro de hermanos ya está apuntada toda la nobleza de Córdoba». Y poco después aparece el número de 2.167 hermanos, enorme para la Córdoba de la época. Las doce misas de difuntos al año a los que se obligaba la hermandad podía ser uno de los secretos del éxito en época de pujanza de las hermandades de ánimas, según Juan Dobado, que cuenta cómo también entraron algunos toreros, con Lagartijo a la cabeza.

Y a todo eso, seguía teniendo cultos, novena y procesión todos los años. La hermandad mantuvo su esplendor en el siglo XX y sólo tuvo un revés: la pérdida de la capa de la Virgen. La había donado la condesa de Cañete en 1919 y se había guardado en una finca de Cerro Muriano que se incendió en los bombardeos. Entre 1937 y 1939 no salió por ese motivo y en 1947 estrenaría la actual capa.

«En aquella época de los años 40, 50 y 60 era una procesión espléndida con tres pasos: el Niño Jesús de Praga, Santa Teresa y la Virgen del Carmen, cada uno con sus cortejos larguísimos, y con los niños, frailes, y Acción Católica», explica. Cada 16 de julio había además fuegos artificiales y verbenas populares.

Todo esplendor empezó a decaer hacia 1968 y 1969, hasta que en 1970 hay constancia de que la Virgen del Carmen salía por última vez, con muchas dificultades y en un ambiente no muy propicio, según testimonios orales. ¿Por qué? «Era la visión posconciliar y un modo de interpretarlo lo que estaba detrás, además de que la Iglesia se replanteaba si servía o no la realigiosidad popular», relata el padre Dobado, que sin embargo insiste en que la hermandad se mantuvo a través del Carmelo Seglar.

La Virgen, eso sí, mantuvo sus cultos y su novena, y en los años 70 y 80 también a veces su besamanos. Después hubo un periodo en que no se movía del camarín y en 1994 se puso otra vez en besamanos. Despertó el entusiasmo y fue el comienzo de lo que llaman «la revitalización»: una gestora en 1996 y en 1997 la primera Junta de Gobierno, aunque ya «con una estructura cofrade que evitara los vaivenes anteriores por la marcha de los frailes». En 2000 volvió a salir, pero esa es una historia que casi todos los que la verán el sábado tienen grabada.

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