Los productores de aceite han perdido en cuatro años más del 40% de su renta, según datos de Eurostat. Es el cuatrienio en el que el precio del aceite viene bajando en caída libre mientras los inputs agrarios continúan subiendo, a veces incluso a ritmo vertiginoso como es el caso del gasoil o de la electricidad, que se usa para el riego, entre otros. Ante esta situación, la demanda del sector es que se cumpla la prohibición de la venta a pérdidas que existe en la ley actual pero que necesita una reformulación para que sea real.
La semana pasada se produjo la tercera apertura de licitación para el almacenamiento de aceite de oliva virgen y extra virgen por parte de la UE en un año y medio. El hecho de que la UE haya aprobado en tan poco tiempo tres procesos de almacenamiento privado es otra muestra de la situación desastrosa que atraviesa el sector. Hay que recordar que los precios que desencadenan estos procesos se fijaron hace más de 20 años y pese a ello el valor del aceite está ahora por debajo de lo que entonces se consideró un mínimo a partir del cual debía intervenir la UE regulando el mercado.
Eduardo Martín, secretario general de Asaja Sevilla, explicaba a ABC que aunque la activación del almacenamiento privado es bienvenida y era demandada por los agricultores en cuanto que contribuirá a frenar la caída de precios, lo cierto es que «el sector necesita medidas fuertes».
«La concentración es necesaria y ha de hacerse», afirma Eduardo Martín, quien sin embargo señala que «no es suficiente, pues lo cierto es que es un proceso demasiado lento». En este sentido, explicaba que la Agencia para el Aceite de Oliva ha dado recientemente unos datos que son esclarecedores de la situación de la cadena del sector: hay 500.000 olivareros y 1.747 almazaras en el sector productor mientras que existen tan sólo 20 envasadoras y comercializadoras y cinco distribuidoras. «Por muy deprisa que se agrupen los productores no se puede alcanzar la concentración de la otra parte de la cadena».
Esta desigualdad es la que hace que Asaja demande, como hacen otras organizaciones agrarias, que el Gobierno arbitre una fórmula para que se pueda regular el precio mínimo del aceite. «Un precio mínimo siempre referido al coste de producción de tal manera que con ese precio base se cubran los gastos y a partir de ahí funcione libremente el mercado».
De hecho, todo el sector agrario está esperando con gran interés la prometida Ley de Medidas Correctoras de la Cadena Agroalimentaria que el ministro Arias Cañete anunció.
Pero la medida concreta que podría aliviar al sector de la producción de aceite es esa regulación del precio mínimo según el coste y que, según defiende Eduardo Martín, el Gobierno podría dictar simplemente con un decreto ley en el que en función de ser la agricultura un sector estratégico le eximiera de las prohibiciones que hay al respecto y sobre las que Competencia mantiene una vigilancia estricta que le cuesta sanciones continuas a las organizaciones agrarias en el momento en el que hablan de precios.
Fiscalidad excesiva
Y es que los precios, algo tan importante en la agricultura como en cualquier otro sector productor, son a veces, incomprensiblemente, tema tabú. Es el caso, por ejemplo de la fiscalidad del olivar, que en el decreto de módulos para el pago del IRPF que sacó el Gobierno a finales de abril no ha visto reflejada la pérdida de rentabilidad que ha sufrido. Los profanos en temas fiscales ven claro que, si baja la renta —caso de los productores de aceite—, tendría que reducirse el pago del IRPF que es un impuesto sobre la renta.
Pero por lo visto no se puede alegar el bajo precio del aceite como argumento de bajada de renta. El argumento tendría que ser la bajada de producción, cosa que no ha ocurrido en 2011 año en el que ha habido una cosecha récord de 1.600.000 toneladas que se están vendiendo a precio de risa.
Ante esta situación, desde Asaja se ha hecho llegar a los departamentos competentes en este asunto un estudio en el que se detalla minuciosamente cuáles son los gastos de producción del olivar de aceite y del olivar de aceituna de mesa, tanto en regadío como en secano. La conclusión de estos estudios es que en el caso del olivar de aceite los productores pierden por cada kilo entre 0,18 y 0,35 euros, dependiendo si es regadío o secano; y en el caso del olivar de aceituna de mesa pierden de media entre 0,25 y 0,37 euros por cada kilo, igualmente dependiendo de si es regadío o secano.
Con estos guarismos, Asaja se pregunta cómo se le puede aplicar al olivar un módulo de 0,32, que quiere decir que se estima que, de cada 100 euros facturado,s 32 son de beneficio.




