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Vuelva usted mañana

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Día 23/06/2012
El «recortazo» de la Junta dificultará y colapsará el quehacer diario de los usuarios de justicia, salud y educación y se empezará a notar el 1 de julio

A mediados del siglo pasado, al funcionariado español se le caricaturizaba con la expresión larrista del «vuelva usted mañana», y prácticamente se daba por hecho que la aventura de realizar una gestión administrativa implicaba varios días para cerrarla. Con el tiempo, eso ha mejorado y, a pesar de que nunca llueve a gusto de todos -especialmente en materia de funcionariado-, la atención al usuario se ha simplificado sobremanera.

Pero el decreto publicado ayer en el BOJA sobre el Plan Económico-Financiero de Reequilibrio 2012-2014, que se prevé aplicar el 1 de julio próximo, va a dar, en opinión de los sindicatos, un giro de 180 grados hacia aquellos días en los que hablar de administración equivalía a bufar con hastío.

El usuario lo notará especialmente en tres aspectos: la sanidad, la educación y la justicia, aunque será una cuestión generalizada en toda la Administración andaluza.

Hagamos un ejercicio de imaginación para saber lo que puede ocurrir a partir del mes que viene. Es la mañana del 2 de julio. Un hombre entra en los juzgados para enterarse de cómo va el proceso de su pleito y acude, como en ocasiones anteriores, a alguno de los funcionarios que le corresponde. «Lo siento -le responde-, eso tendrá que preguntárselo al secretario, nosotros ya no estamos en disposición de facilitarle esa información». El hombre se queda intimidado. «¿Y se le puede ver?». «Ahora no, está muy ocupado». Y es verdad, porque gracias a que los funcionarios se encargaban de cubrirle ese servicio, el secretario se podía dedicar a actualizar el papeleo de su juzgado, que siempre es excesivo y nunca termina de ponerse al día.

En la planta de abajo, una mujer espera pacientemente a cumplir con otra gestión, pero la persona que tiene delante no ha podido levantar ni un momento la vista del ordenador, mientras que el resto de sus compañeros acarrean expedientes desde unos armarios hasta sus despachos con ansiedad en el rostro. «¿Me podría atender alguien, por favor?», solicita. «Aguarde usted un momento hasta que alguien se quede libre», es la respuesta. Y durante una media hora la situación se prolonga. La razón no es otra que la necesidad imperiosa de quitarse cuanto más papeleo mejor esa mañana, porque a partir de ese día nadie acudirá a trabajar por las tardes para eliminar retrasos.

Colapsos prolongados

Es la misma tónica en los juzgados rurales, donde un problema de lindes entre dos vecinos podría tardar en resolverse tres años, mientras que en los contenciosos los expedientes por desavenencias en la titularidad de un inmueble corre el riesgo de terminar a los seis años de iniciarse. Según Domingo Castillo, de USO, a partir del 1 de julio, «el colapso que ya hay en el 80% de los órganos judiciales podría incrementarse hasta en un 50%».

Centro de salud de Añora. Un paciente acude a su médico de cabecera por un dolor en el pecho. El facultativo tiene la mañana llena y apenas cuenta con cinco minutos para cada paciente, por lo que, ante la inseguridad del diagnóstico lo deriva a un especialista. «Pero es que tendría que ir a la capital», responde molesto. «Sí, pero es que es lo mejor para usted -y para mí, piensa para sus adentros, porque no quiero meter la pata y que me cueste un disgusto-, y todos nos quedaremos más tranquilos».

Son las tres menos cinco de la tarde en el centro de salud de Cruz de Juárez. En la puerta de una de las pediatras hay ya cuatro madres con sus niños para que se las atienda fuera de turno. Una de ellas entra. «¿Es urgente?», le pregunta la doctora. «No». «¿Y no tiene usted número»; «es que no he podido venir antes»; «pues vaya al mostrador a coger cita, por favor».

Una conversación que en opinión de Pilar Bartolomé, del Sindicato Médico, se va a repetir a partir del 1 de julio, porque, si bien ningún facultativo va a dejar una operación a medias o evitará atender a los que ya están citados al acabar su horario oficial, «tampoco vamos a seguir sobrecargándonos de trabajo sanitario».

Saltando al Reina Sofía, las urgencias se están sobrecargando y hay ya cuatro personas que han sido tratadas, pero esperan una cama para su ingreso. Uno de ellos tiene 67 años y lleva esperando ya más de 24 horas, comiendo allí y viviendo sobre una camilla de hierro de 60 centímetros con una ausencia total de intimidad. «Perdone, ¿sabe si me van a ingresar pronto?», pregunta a un enfermero. El profesional prefiere contestarle la verdad: «Hemos tenido casos con tres días de espera, pero no se preocupe que cuando usted necesite algún tipo de atención, no le va a faltar».

Porque, según Manuel Cascos, secretario provincial de Satse, «jamás se va a ver mermada la atención sanitaria al usuario, pero ningún profesional va a querer jugársela con las responsabilidades y hasta que un paciente no tenga garantizada al 100% su seguridad no se le va a dar de alta». Lo que supondrá nuevas demoras involuntarias en la atención hospitalaria.

Aulas problemáticas

El curso acaba de finalizar y los estudiantes no volverán a las aulas hasta, como mínimo, septiembre próximo. Pero en la vuelta a clase habrá cambios y nada agradables. El apoyo a los niños con necesidades especiales o simplemente que requieran clases de refuerzo en las asignaturas instrumentales están en la cuerda floja desde que la Junta ha decidido que no sustituirá a los profesores durante, al menos, los primeros once días lectivos. Eso implica que los profesores de apoyo pasarán a cubrir esas bajas dejando desasistidos a estos alumnos, que además son los más vulnerables.

Pero para la generalidad de padres quizá lo más grave es que en Secundaria los alumnos no contarán con profesores especializados en sus materias, por lo que un profesor de matemáticas podrá dar tecnología sin ser su especialidad o de historia música, sin tener conocimientos.

Desde la junta de personal docente, Sebastián Quesada, alerta sobre la viabilidad de los programas cofinanciados entre el Ministerio de Educación y la Junta, ya que Sevilla tiene que decidir con menos recursos si continúa adelante con los programas como bilingüismo, TIC o Plan Lingüístico. Además, Quesada tiene claro que los alumnos, a partir de ahora, no tendrán la misma calidad de la enseñanza y pasarán de estar formándose y atendidos académicamente a estar vigilados o custodiados, simplemente.

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