Cuando el cinturón aprieta, la vergüenza afloja y la picaresca se agudiza. Pero si la correa apenas deja respirar como consecuencia de la delicada situación económica actual, todo vale para conseguir ingresos extra. Y defraudar al seguro se ha convertido en un riesgo, para muchos, asumible, si con ello se logra cobrar la póliza.
Así lo pone de manifiesto el último informe elaborado por el centro de Investigación Cooperativa entre Entidades Aseguradoras y Fondos de Pensiones (ICEA), al que ha tenido acceso ABC, con los datos de 21 grandes compañías.
En el pasado ejercicio se registraron en Córdoba un total de 1.553 casos de fraude, lo que representa un 30% más que el año anterior, cuando se detectaron 985.
Este incremento resulta más que llamativo si se tiene en cuenta que desde 2004 las subidas interanuales no han sido superiores al 14 por ciento. Tan sólo en 2007, los casos se dispararon un 20 por ciento con respecto al ejercicio anterior.
Coches
Una vez más, el sector del automóvil copó la mayor parte de las estafas y continúa a la alza, con 1.244 desfalcos, un 26% por encima de las cifras de 2008. Y es que el inflar partes de accidentes es algo habitual entre los españoles, que se sienten como los justicieros del siglo XXI. Existe la idea generalizada de que las compañías de seguros se lucran a costa de sus clientes, cobrando unas primas escandalosas, por lo que una forma de «hacer justicia» es intentar «sisarles» pequeñas cantidades.
Los defraudadores directos continúan siendo prácticamente los mismos que en anteriores estadísticas y con similar incidencia.
Con diversos grados, el timador principal es el asegurado, quien actúa de acuerdo con otros defraudadores de forma compartida, según señala el informe. Así, en el caso de los seguros de responsabilidad civil daños corporales «es frecuente la connivencia con el contrario e incluso con otros profesionales, como por ejemplo, personal sanitario; en rotura de lunas, el “pacto” se hace con el reparador».
Tras la ocultación de un daño preexistente, en el ranking de estafas se encuentran la simulación de un siniestro y las reclamaciones desproporcionadas. También se dan casos de fraudes en la suscripción, es decir, querer cobrar la indemnización de un accidente habiendo contratado el seguro tras el mismo. Incluso también se han registrado casos en los que un individuo compra en un desguace un coche igual al que posee, cambia las matrículas y simula un accidente de siniestro total. El fin es claro: cobrar la indemnización sin perder el coche.
Igualmente crecieron los timos a seguros diversos (un 40 por ciento), con 257 casos. Según explicaron fuentes de ICEA, consisten en la denuncia de un daño simulado, como por ejemplo un incendio o un robo.
A nivel nacional, a lo largo del pasado ejercicio, se registraron un total de 101.615 engaños, lo que representa un 32,7 por ciento más que el año anterior, «si bien en esta ocasión se contado con cuatro entidades más en la estadística». De ellos, 77.842 afectaron al sector del automóvil; 20.813, a diversos y responsabilidad civil general; 2.263 a seguros de vida, accidentes y salud, y los 697 restantes, a otros ramos.
En relación a 2008, el ICEA ha detectado un «fuerte incremento» en el rendimiento de la investigación (51 euros por cada euro invertido en investigación de presuntos fraudes, frente a 37 del año anterior
). El porcentaje de engaños evitados en relación con el importe total inicial reclamado alcanza un 70 por ciento, en línea con otros ejercicios.
Ante este aumento de las estafas, las compañías también reinventan sus mecanismos de detección para evitar estos engaños. En este sentido, recurrir a detectives privados para intentar esclarecer situaciones sospechosas es una medida cada vez más común. La figura del perito también ha cobrado un mayor protagonismo, aunque lo habitual es que no se investiguen fraudes por debajo de los 500 euros. Consultar los antecedentes del asegurado, averiguar si pasa por problemas económicos o ver si ha contratado o ampliado coberturas en fechas próximas al siniestro son otros métodos empleados para descubrir el fraude, según ICEA.




