«Respeto, democracia, dignidad». El portavoz municipal del PSOE, Rafael Blanco, se agarró ayer estas tres palabras como si fueran el testamento de su defenestración política o la voluntad póstuma del último mártir de la pérdida de rumbo de los socialistas en la capital. El primer teniente de alcalde, que llevaba varios días con el móvil fundido de llamadas de los medios de comunicación a las que no había contestado para no interferir en el proceso de elección (?) del candidato a la Alcaldía, compareció en el salón de prensa del Ayuntamiento justo el día en el que la ejecutiva provincial refrendaba el nombramiento del secretario general, Juan Pablo Durán, como cabeza de lista para las municipales. Blanco estaba de una pieza, pero sólo. En el trance no le acompañó ningún concejal de su equipo, como sí hicieron varios asesores de su confianza.
«Todo el mundo sabe que mi ilusión era ser algún día alcalde de Córdoba, por eso no puedo negar que éste no es el mejor momento de vida», señaló el edil, que mantuvo durante su encuentro con los periodistas un gesto serio y por momentos apocado. Blanco dejó claro que continuará en su puesto del Ayuntamiento hasta que se celebren los comicios. «Seguiré trabajando por Córdoba estos meses, y después ya veremos», sentenció, para desmentir a renglón seguido que haya llegado a algún acuerdo con su formación para que se conduzca hasta mayo con discreción a cambio de un puesto posterior. «Ya he hablado con el alcalde para comunicarle que haré todo lo que esté en mi mano para mantener la cohesión del equipo de gobierno», indicó.
Muy crítico se mostró a la hora de valorar el proceso de elección del aspirante a la Alcaldía que ha seguido el PSOE. «Soy partidario de las primarias, y creo además que en este caso que me afecta se ha ido demasiado rápido, sin dar tiempo a que yo pudiera explicar nuestro trabajo a los militantes», sostuvo. Acerca de la baja participación en las asambleas locales que han ratificado a Durán —apenas ha superado el 20 por ciento—, el primer teniente de alcalde fue claro. «¿Qué esperas si citas a la gente con una decisión ya tomada: es lógico que se impliquen muy pocas personas».
Blanco fue parco a la hora de valorar a quien le ha ganado la partida. «Mi relación con Durán ha sido cordial, aunque es cierto que hemos tenido nuestras diferencias en algunos temas de gestión del partido», reconoció antes de hacer una reflexión sobre la estrategia electoral del PSOE en los últimos lustros. «Un proyecto no se construye reinventándolo constantemente; nuestro error ha sido a veces cambiar a las personas sin aprovechar su trabajo anterior». Él sabe que esta amnesia existe: el grupo municipal que ha pilotado en estos tres años y medio ha tenido poco en cuenta la labor de su antecesor, Antonio Hurtado. Un afirmación de epitafio le acompañó a Blanco en su despedida de la Prensa. «En mi partido saben que no juego para perder».




