La plaga de conejos comenzó siendo un quebradero de cabeza para los agricultores de la Campiña —especialmente para los viticultores— y en poco tiempo ha pasado a ser un problema para más de una cuarta parte de los municipios de la provincia. Concretamente, 21 municipios cordobeses están en alerta cinegética desde principio de verano y sus cazadores prestos a usar las escopetas para combatir la cada vez más incontrolada población de esta especie, con la que no ha podido ni siquiera el temporal de agua que inundó los campos a principios de año.
La alerta cinegética decretada por la Consejería de Medio Ambiente se mantendrá hasta 2011, pese a que el temporal redujo su presencia, según las explicaciones del ingeniero de Montes de Asaja Córdoba, Tomás Jurado.
En consecuencia, los 21 municipios de la provincia continúan en «zona roja» lo que implica que las escopetas no dan tregua, como tampoco la caza con hurones.
El problema de estos animales se ha extendido como una mancha con el epicentro en la zona productora de uva amparada por la Denominación de Montilla-Moriles.
Sus efectos obligaron a la Administración a tomar cartas en el asunto hasta el extremo de que se facilitaron las autorizaciones para dar batidas, además de otras medidas como la protección de las plantas con mallas.
El problema es siempre el mismo: la falta de alimentación, que empuja al conejo silvestre a comerse los brotes verdes, además de una ausencia de enfermedad y de su depredador natural, el lince. De hecho, entre las medidas decretadas también se contemplaba la captura con red y su traslado a la zona de la sierra, habitat natural del felino donde precisamente había bajado la población de conejos.




