Santiago Gómez Sierra
Obispo auxiliar de Sevilla
—Deja la Diócesis de Córdoba tras 28 años de servicio en ella. ¿Qué ha supuesto para usted esta diócesis?
—Todo, toda mi identidad sacerdotal se ha ido fraguando aquí. Ha sido una experiencia muy rica, porque he tenido etapas muy variadas: el seminario, parroquias de centro de ciudad y periféricas... Las misiones que los obispos me han ido encomendado me han permitido conocer no solo una parroquia, sino la diócesis entera. Yo a Córdoba me debo. Trabajaré en Sevilla, pero llevaré a Córdoba siempre en el corazón. Porque nos vamos construyendo en nuestra propia historia por donde vamos pasando. Ha sido una etapa decisiva en mi vida. No es lo que quiera o no. Es así.
—En algún momento, cuándo era un párroco en Alcolea, ¿pensó que llegaría a ser obispo auxiliar de Sevilla?
—No, nunca. Pero, vamos, ni siendo párroco de Alcolea ni siendo presidente de Cajasur. O sea, que, yo nunca... Mire, he tenido siempre la convicción de entregarme donde estaba como si fuera el último sitio. Y, después, lo que Dios vaya marcando.
—¿Por qué le ha elegido la Iglesia para un puesto tan importante?
—No lo sé. Supongo que habrá valorado mi trayectoria. Se lleva de una manera muy discreta. Es una decisión final del Santo Padre y no lo sé. El arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, pidió un obispo auxiliar y supongo que aportó mi nombre, porque el titular cuando pide un auxiliar sugiere personas. Don Juan José lo haría. Lo haría conmigo y ya está. Y finalmente porque es la voluntad de Dios.
—¿Cuál ha sido el momento más bello en estos 28 años?
—Hay tantos. Ahora mismo, se me viene a la cabeza un momento en Los Ángeles parroquia de Alcolea. Allí, donde había una feligresía muy buena, pero alejada de la Iglesia, con muchos prejuicios, recuerdo ver a una mujer, a la madre de un niño, venir de escardar remolacha y cambiarse rápidamente en su casa para ser catequista. Son cosas que nunca se olvidan.
—¿Y el más duro?
—Pues, quizás, la muerte de un sacerdote joven, que éramos muy amigos. Falleció por un accidente de tráfico. Pero él también me acompaña hoy por ayer.
—¿Eso fue aún más duro que lo que vivió en Cajasur?
—Ah, sí. Por supuesto. En Cajasur, ha habido momentos duros. Pero en los tres años y medio que he sido presidente, ha habido un buen clima entre todos los representantes políticos, impositores, trabajadores... Fue en el último momento cuando, en un momento muy difícil, se dividieron las opiniones, pero con mucho respeto.
—Hasta Jesús llegó a pensar en renunciar y pedir al Señor que apartara el cáliz de él. Llegó usted a pensar eso en...
—Sí.
—¿Llegó a pensar eso en la presidencia de Cajasur?
—Bueno como nunca la desee, siempre la tuve como la misión que se me encomendaba. Y así lo lleve. Es verdad que en lo que estaba previsto de la caja fusionada entre Unicaja y Cajasur yo no estaba en nada. Porque creí que no tenía que seguir.




