Nada peor para un técnico de fútbol que ver jugar con cierta soltura a su equipo para caer, a la postre, ante un rival que hace menos méritos. Así se sintió ayer Lucas Alcaraz tras el partido contra el Albacete, en el que «la primera parte estuvo muy equilibrada y en el arranque de la segunda mitad, que prácticamente se jugó en su campo, estuvimos muy cerca de marcar los primeros».
Y no solo eso. «Merecimos marcar por el buen trabajo que hizo el equipo», pero, como bien dijo el entrenador granadino, «los goles no se merecen, a pesar del número de ocasiones creadas y falladas, sino que los goles se hacen», y el Córdoba se quedó a cero en tierras manchegas.
Una puntuación mayor
Eso sí, «jugamos mejor que ellos», y solo por eso, «no sólo nos merecimos el empate, sino también una puntuación mayor».
Preguntado por los periodistas, Lucas Alcaraz aclaró que el cambio del francés Camille se debió a que la velocidad de Tato desbordaba al jugador blanquiverde, además de que «la zaga necesitaba algo de frescura y con Fernández se buscaba imprimirle ese punto de velocidad que se requería».
Hablando de la defensa, la del Córdoba se queda bastante dañada con las dos tarjetas que recibieron ayer los dos centrales y con dos partidos vista en menos de tres días.
«Está claro que no se puede jugar cada 48 horas, con un desplazamiento largo de por medio, por lo que veremos a otro equipo diferente a este jugar en la Copa contra el Deportivo de La Coruña, mientras que para el partido del sábado ante la Ponferradina en casa, ya sabemos que hay hombres que no van a poder estar», comentó.
Una derrota que, en definitiva, supo más a fracaso que si el equipo local hubiera arrasado las opciones blanquiverdes, cuando fue al revés.




