La prostitución callejera ha tomado posiciones en Córdoba. A la zona de El Arenal se ha sumado no hace mucho otro enclave en el que cada noche se hace negocio a base de «franceses» y «completos». Se trata del polígono industrial La Torrecilla, donde más de una decena de mujeres venden sus cuerpos de 21.00 a 7.00 horas.
La proliferación del mercado de la carne junto a este mar de naves ha generado múltiples quejas entre los empresarios, que, si bien manifiestan no estar en contra del trabajo más antiguo del mundo, sí que demandan soluciones para evitar la suciedad y mala imagen que proyectan las chicas a pie de carretera.
Así, el presidente de la Asociación de Propietarios y Empresarios de los polígonos industriales Amargacena-La Torrecilla (Apreama), Francisco Pérez, señaló que «ejercen todas las noches y tememos que con la crisis extiendan su jornada a las horas de luz; queremos que se haga algo para que los intereses de nuestros establecimientos no se vean perjudicados».
Sin embargo, la prestación de servicios sexuales por parte de una mujer está aceptada y no está tipificado como delito si es absolutamente libre. Además, la sociedad no se muestra a favor de «castigar» a las prostitutas. Así lo pone de manifiesto la encuesta ciudadana realizada en 2009 en Córdoba por parte de la Oficina del Defensor de la Ciudadanía, en la que un 67% de los cordobeses consultados consideraban que la prostitución debería ser legalizada. Solo un 3% veía además la necesidad de perseguir o sancionar a las prostitutas; un 17%, al cliente o consumidor de sexo frente a un 75% que señalaban a los proxenetas y empresarios.
Precisamente, la Ley ya contempla todo un rosario de penas contra el entorno que suele acompañar a esta actividad (proxenetismo, maltrato, inmigración ilegal, tráfico ilegal de drogas, blanqueo de dinero, extorsión, etcétera). Sin embargo, según manifestaron fuentes policiales, «de momento, no tenemos constancia de que nada de esto se esté produciendo en Córdoba; a las chicas se les pide la documentación para comprobar que está todo en regla, pero si ellas no denuncian, no podemos hacer nada».
La última operación a gran escala se llevó a cabo en enero, pero sólo afectaba a clubes. Fueron detenidas 50 personas entre Málaga, Torremolinos y Córdoba por obligar a prostituirse a más de un millar de mujeres.
Las dificultades jurídicas para perseguir a los que delinquen en este oscuro mundo no son pocas. Según fuentes judiciales consultadas, «por un lado se les abre un expediente de expulsión y se les ofrece un periodo de reflexión de treinta días para que decidan si colaboran con la Policía, lo que se contradicen con la ley de enjuiciamiento criminal que obliga a todo testigo a declarar y decir la verdad. La mayoría calla».
En cifras
Aproximadamente, más de 10.000 féminas —según un informe de Mujeres Progresistas— se prostituyen en Córdoba. Existen unos 250 clubes, con una media de 40 empleadas. Además, hay unas 25 casas, con unas tres trabajadoras. Más difíciles de contabilizar son aquellas que ejercen en la calle, donde las condiciones en las que se desarrolla la actividad es más precaria.
Los pisos de citas se encuentran, sobre todo, en Ciudad Jardín. El resto están dispersos por las zonas del Centro, Huerta de la Reina, Santa Rosa y el Campo de la Verdad, según algunos colectivos que trabajan con las chicas.
La media de edad de estas profesionales es de 29 años; el 99 por ciento son inmigrantes y la gran mayoría, más del 90 por ciento, se encuentra en situación irregular.
El precio del servicio sexual está en torno a los 50 euros y suelen hacer tres diarios. Muchas prostitutas sobreviven con 100 euros mensuales para sus gastos, ya que el resto lo envían a sus familiares.
Con respecto al volumen de dinero negro que genera, las cifras hablan de unos ingresos anuales de 4.106.320 euros en las casas de citas, mientras que los de los clubes asciende a 311.505.600 euros.
En cuanto a los clientes, las encuestas realizadas por la asociación ponen de manifiesto que los hay de todas la edades y clases sociales, si bien el tipo medio es «habitual», tiene entre 30 y 50 años, de clase media y con pareja.




