Alas doce ya no quedaba arroz en los expositores del supermercado que hay en Duque de Hornachuelos. Era uno de los síntomas de lo que, desde dos horas antes, estaba pasando. A las diez, en el Patio de los Naranjos, el obispo había recibido a un millar de jóvenes que se disponían a participar en la jornada de clausura de la Misión Juvenil —preparación a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se celebrará en agosto en Madrid con la presencia de Benedicto XVI—. Demetrio Fernández les animó a dejar que Cristo ilumine sus vidas: «Sois los jóvenes los que tenéis que decir a otros jóvenes: “Venid conmigo y unirse a nosotros”».
El arroz que faltaba en los expositores del supermercado, junto con muchos otros alimentos, se apilaba en un lateral de la plaza. «Esperamos llegar a los 2.000 kilos, pero a este ritmo los superaremos sin dificultad», decía un responsable de Cáritas mientras recibía sin cesar bolsas. Era la apuesta solidaria de los peregrinos.
Ambiente de fiesta
En las Tendillas, las «performances» y la música —globos, canciones, coreografía— crearon un ambiente de fiesta toda la mañana, con la presencia del grupo Jerusalén, Jesús Cabello o Unai Quirós, así como unas escenas de «Jesucristo Superstar» con alumnos del colegio de Trinitarios y un grupo teatral de Baena.
A las doce y media había poca gente en la Compañía, pero la iglesia estaba abierta y los presentes, en silencio, rezaban ante la Eucaristía. El flujo de gente entre las Tendillas y la parroquia no cesó, y a eso de las dos el templo estaba lleno mientras —algo poco usual en los últimos tiempos— casi una decena de sacerdotes, de forma simultánea, administraban el sacramento de la penitencia y había colas para confesar.
En una mesa, jóvenes de la Delegación Episcopal de Juventud vendían camisetas, chapas, bolígrafos y otros objetos del peculiarísimo «merchandising» de la Jornada Mundial de la Juventud. «Hemos vendido ya 300 camisetas», decía con sonrisa franca una chica antes del mediodía. «Y se han repartido gratis 2.500 bufandas rojas» (símbolo de esta cita y del amor cristiano), añadía un compañero.
Un fondo con los colores y los logos de la JMJ servía para que los asistentes posaran ante las cámaras. «Ya llevamos unas 500 y, cuando acabe el día, las subiremos todas a la web www.cordobaespera.com para que la gente se vea», explicaban Luna López y Ana Pérez, dos voluntarias de la parroquia de San Francisco. A unos metros, Nazareth Morales y Patricia Ranz, de la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza, daban información sobre cómo inscribirse en la Jornada: «Puede hacerse en el Obispado, en la Delegación de Juventud o descargando el impreso en la web».
Y todo esto antes de comer. Pasadas las dos, la barra de la Agrupación de Cofradías en la plaza de la Compañía servía bebidas y refrescos, y los jóvenes comían sus bocadillos en las aceras. Quedaba aún media jornada, de la que acabaron siendo protagonistas miles de jóvenes.





