Los últimos datos de desempleo juvenil de la capital son desalentadores. Entre los menores de 25 años, el paro creció el último trienio, que ha estado marcado por la crisis, un 55% y en 2010 la subida fue del 26%. Los jóvenes fueron el colectivo de edad donde más engordó esta lacra el pasado ejercicio. ABC ha pedido a distintos expertos que analicen este fenómeno. Lo que más unanimidad despierta, aunque no total, es que la fuga de talentos sigue y se está agravando.
El director de ETEA (Escuela Universitaria de Empresariales y Económicas), Gabriel Pérez Alcalá, arranca su disección del paro juvenil cordobés matizando que es similar al de Andalucía o España. Dice que el desempleo se ceba en este colectivo, porque en él se integran quienes se van incorporando al mundo del trabajo sin experiencia previa y se topan en la capital «con un mercado laboral muy castigado tras tres años de recesión con dificultades para absorber a los que quieren entrar en él, pues tenemos muy poco tejido productivo».
A este handicap se une el de la «dualidad de contratos» en España, donde «los jóvenes han tenido los temporales y los mayores, los indefinidos, protegidos por indemnizaciones grandes. Cuando ha venido la crisis, las empresas han echado a los temporales y a los más jóvenes, que tienen menos antigüedad y menos indemnización». Y la recesión, añade, acentuó una «causa originaria» del paro juvenil: la baja formación de estos desempleados.
Para los que se hayan preparado mejor, el escenario tampoco es halagüeño. Sostiene que «los jóvenes de alta cualificación se están yendo de la capital». Recuerda que «tradicionalmente» ha habido «fuga de cerebros». Pero, apostilla que en los últimos años es «mayor», porque «Córdoba ya casi no tiene empresas de tamaño grande como para absorberlos». «Es un problema grave para la capital», recalca, más cuando «cordobeses que se preparan fuera no tienen ningún incentivo para volver».
El presidente del Colegio de Economistas de Córdoba, José María Casado Raigón, da algunas otras razones de la virulencia del paro sobre los jóvenes de la capital. Por un lado, avisa, «no hay opciones de empleo», pues «no existen nuevas iniciativas, nuevas empresas...». Por otro, cree que a estos parados les falta «empleabilidad: la capacidad para adaptarse y prepararse para aquello en lo que hay trabajo». Añade que este colectivo debe darse cuenta de que «existe la iniciativa» de crear un negocio. Y avisa: cuanta «menos cualificación, formación y empleabilidad» tengan, la situación será «mucho más penosa».
En cuanto a los jóvenes «mejor formados», denuncia que Córdoba «ha perdido y sigue perdiendo a punta pala» capital humano por la fuga de talentos a otros territorios ante la falta de una demanda de empleo cualificado. «Ahora, ocurre en una proporción mayor», avisa y lamenta que «esa sangría empobrece a Córdoba».
El paro juvenil, reflexiona, es parte del problema «estructural» que Córdoba tiene con el desempleo. Por ello, las soluciones deben ser «a medio y largo plazo», con cambios en el «modelo productivo y la estructura laboral: la formación, la empleabilidad...».
Por su parte, la presidenta de la Asociación de Jóvenes Empresarios (AJE) de Córdoba, Marisol Chacón, en el análisis de las causas señala que parte de los menores de 25 años «incurren en falta de previsión y dejadez». «Deben tener más afán de formación», sentencia. Y es que cree que la falta de preparación «algo tiene que influir» en la especial forma en la que les castiga esta lacra.
Otro prisma desde el IESA
Aunque no toda la responsabilidad recae, a su juicio, sobre este colectivo. Por ejemplo, apunta que «no se fomenta» entre ellos el autoempleo, que es un camino que «están tomando como último recurso». Es igual de categórica que Casado Raigón y Pérez Alcalá sobre lo que sucede con los mejor preparados: «Hay una fuga de talentos de la capital». Indica que ese «fenómeno no pinta muy bien para la ciudad. Estamos teniendo lo que sembramos. Es una pena».
Y el secretario de Relaciones Laborales de UGT-Córdoba, Francisco Berral, aporta otros motivos sobre la virulencia del paro en este colectivo. Sostiene que el problema estriba en que «son personas que se incorporan por primera vez al mercado laboral. Las empresas tienen la costumbre de contratar principalmente a gente con cierta experiencia. Y joven y con experiencia en el trabajo es cosa harto difícil». Además, apostilla, «hay poco empleo juvenil» y, a causa de la crisis, está «mucho más difícil» acceder al mercado laboral, «sobre todo sin tener experiencia».
Denuncia, como el resto de interlocutores, que Córdoba sufre «fuga de talentos» y que «con la crisis aumenta». Señala que este es «un problema gravísimo» para la capital ya que se está marchando la gente que «puede aportar cosas importantes a nuestro desarrollo económico y social».
Pero, no todas las visiones son pesimistas. El director del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA), Eduardo Moyano, defiende que, «sin restar importancia a los datos» del desempleo juvenil, «sí hay que quitarles algo de dramatismo». Argumenta que, entre estos parados, hay «muchos casos» de personas que se «han recuperado para el sistema de formación, pero siguen registradas en las oficinas de empleo». Rememora, por ejemplo, que con el «boom» de la construcción hubo quienes dejaron el sistema escolar para ir a trabajar al ladrillo. Explica que «ahora hay una recuperación de esta gente para el proceso de formación». El «reto», apunta, es qué tipo de formación darles para prepararles para reincorporarse al mercado de trabajo.
Otro factor que mitiga, a su juicio, el impacto de este tipo de desempleo es que los «jóvenes se integran de nuevo a sus familias que actúan de soporte hasta que se incorporen al mercado de trabajo cuando haya nuevas oportunidades». Por ello, sus cifras de paro «no tienen la misma virulencia que las de quienes trabajaban y pierden su empleo teniendo cargas familiares y un nivel de endeudamiento alto. Eso sí supone un drama familiar y un problema económico».
Y discrepa en la fuga de talentos: «o creo que exista». Argumenta que se impulsa a los universitarios a que salgan fuera a estudiar o a aprender idiomas. «Lo lógico es que su horizonte no termine en Córdoba», acaba.
POR B. LÓPEZ
CÓRDOBA




