Alcaraz dio por buena su expulsión, siempre y cuando «sigamos ganando partidos», aunque no dejaba de ser un gesto que demostraba la tensión vivida en los últimos 15 minutos de partido, en los que, como él mismo dijo, «nos ha responsabilizado algo las tres últimas derrotas y no hemos sabido aquí tampoco manejar del todo el partido».
Por lo demás, el granadino rezumaba satisfacción por todos los poros, sabedor de que la jornada había sido para resaltar «muchas buenas cosas» y de que a lo largo de 70 minutos «hemos estado siempre más cerca de ganar que de otra cosa», y es que «incluso con bajas y con chavales jóvenes, de la cantera, el equipo ha sabido sobreponerse a todo».
El equilibrio mostrado por sus pupilos fue la clave de la victoria, ya que en la banda izquierda, donde se esperaba un mayor derroche físico, Camille supo estar en su sitio, mientras que la verticalidad que mostró el Tenerife en su zona defensiva pudo romperse, porque «ya sabemos que volviendo a nuestra dinámica nosotros somos capaces de ganarle a cualquiera, y lo hemos podido comprobar».
El dominio de los espacios, bien fuera en juego o a balón parado, el principal arma de ataque del Córdoba, fue también determinante para la victoria final. Y eso, a pesar de que el último cuarto de hora, en el que los rivales supieron apretar a conciencia, apoyados por una afición muy entregada, y de que el partido entró en una fase «de gran intensidad», en la que cualquier delantero tinerfeño «nos pudo haber hecho un roto en una jugada aislada con la capacidad para desbordar que tienen».
A pesar de ello, Alcaraz prefirió quedarse con lo bueno, que, comparándolo con el partido ante el Xerez «es cierto que entonces tuvimos más solvencia en los instantes finales». Aludió también el granadino a los cambios realizados por necesidad, puesto que «a Callejón lo veía desfondado», al tiempo que el de Cabrera «fue para mantener el balón».
Respecto a su expulsión, Alcaraz no le vio justificación alguna. «Los árbitros hacen lo que les da la gana —dijo—, porque ni siquiera protesté cuando me expulsó, y sólo le recriminé el hecho de que no expulsara a Marc Bertrán poco después de la acción de Melli».




