Córdoba

Córdoba / el candelero

¡Eureka!

Día 21/04/2011 - 08.39h
¡Eureka!
MIGUEL ÁNGEL 
La Virgen del Rocío y Lágrimas, ayer, en su nuevo paso de palio

Tres hallazgos. Como si de pronto se hubiera encendido una bombilla en la cabeza de alguien y hubiese encontrado el camino para mejorar las cosas sin necesidad de modificar mucho. Como si una revelación divina o un milagro cotidiano de los siempre atentos titulares hubiera servido para que los cofrades supieran qué camino tenían que seguir para hacerles una ofrenda adecuada y a la vez para que el resto de la ciudad comprendiese lo bien hecho que estaba.

«¡Eureka!», dirían ayer los hermanos de la Misericordia cuando contemplaran a su Cristo en el nuevo paso tallado por Andrés y Manuel Valverde y dorado por Ángel María Varo, que mejora en todo a lo anterior sin dejar de ser el mismo, porque no es la de San Pedro una cofradía que necesite reinventarse con una estética tan cuidado a lo largo de cerca de tres cuartos de siglo. Quizá este mejorarse conservando la propia esencia pueda servir para otras hermandades o incluso como guía, en su espíritu, para la Semana Santa de Córdoba en su evolución de los próximos años.

«¡Eureka!», dijeron muchos cuando contemplaron a la Virgen del Rocío y Lágrimas, que en apenas un año ha abandonado un estilo próximo a la Esperanza de Triana en la forma de vestir y de estar en la calle para convertirse casi en un palio de Viernes Santo. Nada extraño para una cofradía que no tiene barrio que la arrope, sino que está asentada en el Centro de la ciudad, y que con el traslado a la Catedral se quedará en un camino de pocas horas. La solución para una imagen tan honda y dolorosa como la ópera prima de Francisco Romero Zafra satisfizo a muchos en su palio, en el tocado y en la hermosa corona que evoca a las antequeranas que le da un perfil muy personal. «Otro palio serio», dijo algún detractor, sin pensar en que en la esencia de esta ciudad está más «Mater Mea», como este año, que el flamenqueo de otras veces.

«¡Eureka!», dirán no sólo los hermanos de la Pasión, sino también muchos otros cofrades de Córdoba cuando vieran el paso de palio de la Virgen del Amor cuajado de cera, como si fuese un patio más de San Basilio donde las abejas hubieran dejado su particular ofrenda. Más de 150 puede ser una cifra exagerada para algunos, y habrá quien piense con razón que si son 110 ó 120, tampoco pasa nada, pero sirve como aldabonazo en la conciencia en una ciudad donde hay demasiados palios vacíos y con alarmantente falta de imaginación en la forma de componer las piezas. Ahora la Pasión toma el testigo de la Buena Muerte, del Císter, del Santo Sepulcro, del Calvario y de la Estrella y lo lleva incluso un poco más allá en toda su valentía. El trabajo de Álvaro Doctor y la colaboración de Fernando Morillo-Velarde ha hecho posible un hallazgo que palios de grandes proporciones tendrán que seguir a partir de ahora para que sus titulares luzcan como deben y tengan a sus pies una de las mejores ofrendas que pueden tener junto con las flores.

«¡Eureka!» pudo ser el grito del Miércoles Santo y no sólo en sus cofradías. Por el bien de todos, y con tranquilidad, que cunda el ejemplo de mejorar las cosas con algo de cabeza.

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