La lluvia que asoló el miércoles los municipios de Cañete y Villa del Río cogió a todos por sorpresa a excepción de los meteorólogos de la Agencia Española de Meteorología (Aemet) que ya avisaron el martes, con la declaración de alerta amarilla, y el día de los hechos, con el nivel naranja, de una fuerte inestabilidad atmosférica acompañada de fuertes lluvias y granizo. El delegado territorial de la Aemet en Andalucía, Luis Fernando López, informó a ABC de que, con los medios disponibles hoy día, se puede detectar el peligro de lluvias torrenciales en determinadas zonas pero no dónde ocurrirán. En este sentido, y a raiz de los daños ocasionados, «el nivel naranja se ha quedado corto», aunque la alerta fue la correcta porque dicho nivel «supone un riesgo importante».
López señaló que la tromba de agua caída en el Alto Guadalquivir se debe a un fenómeno meteorológico que «entra dentro de la normalidad» y que es muy frecuente en mayo y en junio, donde la radiación solar, a diferencia de la creencia generalizada, es mayor en primavera que en verano.
Esta lluvia torrencial se forma debido al calentamiento del suelo —hay que recordar las altas temperaturas registradas los días previos a la tromba— que hacen que en un determinado momento se creen corrientes de aire que suben en vertical, «como si fuera una chimenea empujando hacia arriba a las nubes». Conforme van subiendo se van enfriando y se crean los granizos, que quedan suspendidos en el cielo hasta que cesa la corriente vertical de aire, debido a su enfriamiento, y la nube en bloque cae de golpe, ocasionando una lluvia torrencial de consecuencias incalculables.
El delegado territorial de la Aemet indicó que «sería un error» atribuir este fenómeno a los efectos del calentamiento global puesto que entra dentro de los parámetros de la normalidad.



