Se le nota relajado, sonriente, pero hay un cierto aire de tristeza en sus palabras, como de quien por momentos duda de si la adoptada era la decisión adecuada. Y es que José Luis Bergillos, alcalde de Lucena durante doce años, confiesa que aún hoy se sorprende a sí mismo en muchas ocasiones pensando como si fuera primer edil.
—¿Qué siente hoy José Luis Bergillos?
—Pues tranquilidad, aunque a veces me asalta un sentimiento de tristeza. Todavía no lo tengo totalmente asimilado.
—Su salida de la política municipal ha sido una sorpresa para los lucentinos.
—Y para mí. Pero no tenía más remedio, no engaño a nadie si digo que mis planes eran otros, me presenté a las elecciones para gobernar cuatro años más, pero tenía que tomar esta decisión.
—¿Qué le llevó a adoptar esta postura casi de un día para otro?
De una parte el análisis de los resultados electorales, la pérdida de la mayoría absoluta, que asumo como una pérdida de confianza en mi persona, y de otra, y fundamental, la presión familiar. Mi familia me ha permitido ser alcalde durante doce años, y ha llegado el momento de que me recuperen.
—Sin embargo muchos dicen que ha sido el propio presidente de la Junta, José Antonio Griñán, quien le pidió que se marchara.
—Eso es falso. José Antonio Griñán estuvo en Lucena como tantas otras veces. Era una visita privada. Cuando le comenté mis dudas, fue el primero en animarme a seguir adelante y pedirme que lo meditara nuevamente. Incluso me dijo que prefería no darse por enterado. Siempre me he sentido apoyado por él.
—Entonces, ¿fue IU quien pidió su cabeza para cerrar el pacto?
—En ningún momento me he sentido presionado a abandonar por IU. Ese asunto no estuvo sobre la mesa en ninguna de las reuniones mantenidas para consolidar el pacto.
—¿Cómo le han sentado las críticas de Juan Torres a la falta de debate interno en el PSOE?
—Respeto a Juan Torres. Tiene y seguirá teniendo toda mi consideración personal. Somos compañeros, pero eso no significa que no podamos tener percepciones diferentes de una misma situación. Si hubiese dimitido como secretario local, se habría generado una crisis y el PSOE de Lucena no es un partido en crisis sino en reestructuración.
—Con el tema de los trabajadores de Hydra Gestión no se va a respetar el pacto que usted firmó con los empleados. ¿Se siente desautorizado?
—En política, cuando uno ya no está, los demás están en su derecho de asumir tus decisiones o no. Yo habría mantenido el pacto alcanzado con los trabajadores pero respeto la decisión que ha adoptado el equipo de gobierno.
—¿Y con el campo de golf? Parece que el equipo de gobierno está dispuesto a dejarlo en un cajón.
—Confío en que los políticos entiendan la necesidad de sacarlo adelante para Lucena. Aportará riqueza. Sería imperdonable perderlo ahora.
—¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de estos doce años de alcalde?
—Lo mejor, sin duda, las personas que he encontrado en el camino y la posibilidad de trabajar por Lucena, de participar en la construcción de la ciudad que hoy somos. Para lo peor no tengo sitio. En cuanto a los proyectos realizados, me quedo con la mejora en los centros educativos, las actuaciones realizadas para frenar las inundaciones, la nueva Ciudad Deportiva o la renovación de decenas de calles. En el debe me queda la espina de no haber visto terminado el centro social sanitario, proyecto en el que he puesto toda la carne en el asador.
—¿Recomendaría a alguien ser alcalde de Lucena?
—Por supuesto. Quizá no tantos años, pero sí lo recomendaría. Lucena lo recompensa. Ha sido una experiencia gratificante.




