Córdoba

Córdoba / Jornada Mundial de la Juventud

Tierra amiga tras un día de viaje

Un grupo multinacional llegado de Canadá abre la estancia en Córdoba de los peregrinos de todo el mundo

Día 11/08/2011 - 09.28h

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Son las siete de la tarde de una calurosa tarde de agosto, pero en el teléfono móvil de Carla Vargas son las diez de la noche, la hora que marcaban los relojes en su ciudad, Vancouver. Era la una del mediodía del martes cuando salió y al fin, después de un viaje de más de treinta horas, estaba en el primer destino de su viaje: Córdoba.

Carla Vargas, mexicana de nacimiento pero residente en la ciudad canadiense, está ahora cumpliendo un sueño que tiene desde que siguió por la televisión la Jornada Mundial de la Juventud de 1993. Forma parte de un grupo de ocho personas, todos llegados de Canadá aunque de orígenes nacionales diversos: cuatro mexicanos, dos canadienses, un coreano y un filipino, a los que acompaña un entusiasta sacerdote. Todo un reflejo, dicen, de una ciudad multicultural donde coexisten innumerables nacionalidades y religiones.

Son los primeros de los miles que arribarán a la ciudad hoy, y que se prepararán para vivir la próxima Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. En la estación del AVE les esperan sus familias de acogida, con el párroco de Santa Teresa, Antonio Javier Reyes, al frente.

Consiguiendo fondos

El largo viaje desde la costa del Pacífico no les borra las sonrisas luminosas ni los abrazos con que los reciben quienes los hospederán en sus casas, como si se conociesen de toda la vida. Carla Vargas visita por primera vez Europa después de más de un año de trabajo y de buscar fondos para el largo viaje. Como todos los demás, pertenece a la comunidad católica de la Catedral de Nuestra Señora del Rosario. «Empezamos vendiendo tamales, una típica comida mexicana, para obtener dinero, y en el último domingo la iglesia nos entregó lo que se había cogido con las colectas para ayudarnos en el viaje», cuenta.

No sólo hubo este tipo de preparación, sino también la espiritual. Carla Vargas no deja de pronunciar la palabra «bendición» para referirse a una cita que le permitirá ver al Papa y conocer a cientos de miles de jóvenes católicos de todo el mundo. Para ella será una experiencia espiritual intensa y también espera que lo sea para su marido, que la acompaña en el viaje y que no es de religión católica. Por eso sueña con que el viaje y el encuentro con Benedicto XVI actúe como un revulsivo espiritual.

«Con Dios todo es más fácil, está siempre contigo», asegura la peregrina, que con 29 años no es ni la más joven ni tampoco la mayor de un grupo donde hay quien frisa los 40 y todavía se considera joven como para participar en este tipo de encuentros.

Es el caso de Kevin, canadiense de 35 años. Para él, se trataba de vivir una experiencia como ésta una vez en la vida, y en ello está mientras va haciendo al periodista preguntas sobre la ciudad y sobre el número de peregrinos que llegarán a ella en los próximos días.

Algo les sirvió a todos para decidirse por Córdoba: un vídeo que jóvenes cristianos habían elaborado para invitarles a venir, y que les ha llevado en su primera estación del recorrido espiritual.

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