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«Rambo» irrumpe en la Vuelta

Sagan, el prodigio eslovaco, gana en Córdoba y ayuda a Nibali a distanciar a todos sus rivales

Día 26/08/2011 - 09.41h

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El miedo es la ley en los descensos. «Yo soy de poco miedo, pero hoy lo he pasado», cuenta Pablo Lastras, segundo en Córdoba. Es de los que asusta a los demás en cada cuesta abajo. Arranca justo antes de coronar el puerto y apura los primeros giros del descenso hasta la última fracción del último centímetro. La carretera que se descuelga hasta la mezquita cordobesa se acuerda bien del madrileño. Aquí ganó en 2002. Nadie le siguió esa tarde. En cambio, ayer le pasaron cuatro y vestidos igual, con el uniforme del Liquigas: Nibali, Sagan, Agnoli y Capecchi. «Ha sido increíble». Lastras se frotaba los ojos. Y por primera vez pasó miedo. «Parecía un suicidio. Algunos no frenan». Sagan. [Así hemos contado la etapa]

A Sagan, el prodigio eslovaco de 21 años, le llaman «Rambo». Aquello era Vietnam. Sagan viene del ciclocross, del mountain bike, de trotar sobre barro y hielo, de un deporte para gente sin miedo, sin vértigo. Nibali, el capo de la banda, es siciliano. Basta con eso. A tumba abierta. Cuatro Liquigas y Lastras.

Nibali quería cobrar la etapa y los 20 segundos de bonificación. Y ahí falló. Fue la única nota que desafinó en la sinfonía del Liquigas. La presencia de Lastras obligó a Sagan a ganar la etapa. «He tenido que hacerlo», se disculpó. «Rambo» se quedó también con los 20 segundos; 12 para Lastras... Y ocho para Agnoli, que, sin querer, robó ese premio al cabreado Nibali, ganador de la Vuelta 2010, el que más hace por ganar ésta. Agnoli entró disculpándose. Se casa en octubre. Y Nibali irá de testigo a la boda. «No sé si ahora cambiará de idea», se preguntaba, medio en broma.

Nibali canjeó el miedo de sus rivales por un puñado de tiempo: a 17 segundos llegó Rodríguez, «Purito». Echaba humo. «Los Liquigas han cogido el rebufo de una moto y se han ido», bramaba. Con el catalán entraron el sólido Mikel Nieve, Bruseghin, Chavanel (aún líder), Cobo y Scarponi, atento siempre. A 23 segundos y a 37 grados de calor, aparecieron Zubeldia, Wiggins, Brajkovic, Sastre, Van den Broeck, Menchov, Sergio Pardilla, Dani Moreno e Igor Antón, el dorsal 51, que siempre cierra el pelotón.

Antes se habían fugado Saramontins, Kohler, Palomares y Yukihiro Doi, el primer japonés que corre la ronda española. «Quiero hacer historia», dice. De momento, hace bulto.

Una bestia de 1,84 metros

El alto del Catorce por Ciento, que así se llama, difuminó la escapada. El que le puso ese descriptivo nombre no mentía. Rampa cocida. Ciclistas escaldados tras seis días a la parrilla.

Lastras, con la pancarta del puerto a un vistazo, expuso sus intenciones. Coronó e inició su vuelo en busca de Martin y Moncoutié, que habían saltado antes en el ascenso. En eso, como un escalofrío, le pasó Sagan. Un tipo de verde. Dos. Tres. Y cuatro. Con Sagan venían otros tres del Liquigas, Agnoli, Capecchi y Nibali, otro motero, otro loco que se divierte con el riesgo. Asustaron al que nunca pasa miedo, a Lastras. Culpa de Sagan.

La bestia. 1,84 metros y 73 kilos. Cara de ángel. Piernas del demonio. Niño pobre de Zilina, a 200 kilómetros de Bratislava. En su primera carrera, el Tour Down Under de 2010, salió a un ataque de Evans. Y enseguida acabó quinto en el prólogo de la París-Niza, delante de Contador. «El fenómeno», le bautizaron. Rambo precoz. Desde entonces no deja de ganar. Incluso cuando no quiere, como ayer en Córdoba.

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