Día 03/10/2011 - 08.58h
La producción mundial de alimentos podría llegar a un máximo en los próximos años y luego caer por el impacto sobre los recursos naturales, o al menos es lo que ha vaticinado Paolo Groppo, un científico de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de Naciones Unidas. En cualquier caso, una valoración que hay que analizar con prudencia, ya que esta organización también nos tiene acostumbrados a algunos consejos de pata de banco, como por ejemplo fue el de abandonar el consumo de carne para luchar contra el efecto invernadero.
Es conocido el recurso escaso que supone la superficie agraria mundial, que tiene un límite de crecimiento estimado del 5 por ciento. En este sentido no cabe duda que si mantenemos el resto de variables constantes, el Dr. Groppo tiene razón. Sin embargo, las posibilidades reales de incrementar las productividades por hectárea y por unidad ganadera son todavía muy amplias: lo que en ningún caso debe implicar la autocomplacencia, ya que la realidad es que se trata de recursos finitos y crecimiento poblacional acelerado. Por otro lado, la ecuación está poco clara, no solo por el potencial de la productividad, sino por la estimación de aumento de población, cuya velocidad de crecimiento debe reducirse, aunque en términos absolutos, todavía le que un largo periodo de expansión.
Se trabaja para incrementar las producciones alimentarias minorando los impactos medioambientales. Por ejemplo, se ha presentado un proyecto novedoso orientado a optimizar la aplicación de productos fitosanitarios, basado en el uso de boquillas de baja deriva, el proyecto TOPPs-PROWADIS. Con ello la Asociación Española para la Protección de las Plantas (Aepla) y la Asociación Nacional de Maquinaria Agropecuaria, Forestal y de Espacios Verdes (Ansemat), facilitan la adaptación de ambos sectores a las nuevas y estrictas normativas en este campo.



