La patrona protagonizó ayer el retorno a su santuario junto a cientos de fieles y más tarde de lo habitual
Día 10/10/2011 - 09.37h
La Virgen de la Sierra regresaba ayer a su Santuario acompañada de sus devotos. Tras la celebración de la misa que comenzaba a las 6.00 horas de la madrugada, las andas plateadas que resguardan a la Señora cruzaban la barroca portada de piedra de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y Ángeles de Cabra, lugar en el que a lo largo de un mes se han venido celebrando numerosos actos religiosos en torno a la Patrona, durante su estancia en la ciudad desde su llegada el pasado 4 de Septiembre.
Este año, la tradición del primer domingo de octubre tras más de un mes ha querido que esté más tiempo en Cabra. El cortejo, compuesto por cientos de fieles y la Banda de Música de la ciudad, se ponía en camino con un lento caminar durante el trayecto por el casco urbano. Con las primeras luces del amanecer, la Señora llegaba al Hogar de Ancianos de la Avenida de Andalucía, donde era recibida con emoción por los que allí se daban cita, que procedieron a despedirla hasta el año próximo. Reanudada la marcha, la Virgen llegaría momentos más tarde a la barriada que lleva su nombre, en cuya parroquia el alcalde de la ciudad, Fernando Priego, procedía a retirar la vara que la nombra Alcaldesa Perpetua de los egabrenses, dejando en su lugar un ramo de flores.
Nervios en el cortejo
En este punto los nervios empezaron a aflorar entre las personas que participarían en una «Subida» que se ha caracterizado en esta ocasión por una numerosa presencia de público en torno al paso de la Virgen, como son sus costaleros y demás devotos que también unían sus fuerzas gracias a los cordeles que iban amarrados en la parte delantera de los dos varales.
Tras girar el paso en el antiguo paso a nivel donde se aprecia el hospital Infanta Margarita, daba comienzo el trepidante ascenso por el camino que une la ciudad con el Picacho, cuyo tramo inicial presentaba un deteriorado estado, dificultando la labor de los costaleros que tenían que salvar los surcos en el firme. Una vez superada la parte más complicada, la marcha se hizo más amena al disminuirse el ritmo impuesto por los hombres del varal, evitando de este modo que algunos pudieran quedarse rezagados.
Tras la última parada en «La Viñuela» y el tramo de carretera al que se sumaron muchos fieles el cortejo llegaba a la «Casita Blanca» en torno a las 11.15 de la mañana.



