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Incógnitas de puertas adentro

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La relación rota entre José Bretón y su mujer estuvo en el centro desde el principio de todas las pesquisas

Día 30/10/2011 - 10.38h

Poco se ha hablado de la relación entre José Bretón y la que ha sido su mujer durante los últimos 10 años, Ruth Ortiz, los padres de los menores desaparecidos en Córdoba hace ya tres semanas. Y ello pese a que las desavenencias del matrimonio han marcado el punto de partida de la investigación policial. Incluso ha fundamentado en parte el auto del juez que decretó el ingreso provisional del progenitor el pasado día 21.

La pareja estaba casada desde 2002. Se conoció en Córdoba cuando ella estudiaba la carrera de Veterinaria. Actualmente, Ruth trabaja en el departamento de Salud Pública de la Delegación de Salud de la Junta en Huelva como técnico del Registro de Cáncer. Pero, al parecer, no lleva demasiado tiempo incorporada en el mundo laboral. Antes, Bretón se había encargado de sostener económicamente a la familia.

El hombre estuvo empleado en distintos oficios, entre ellos el de conductor —posee casi todos los carnés—, después de haber dejado el Ejército, donde sirvió en la misión de Bosnia-Herzegovina. En concreto, ingresó en las Fuerzas Armadas en 1994 como voluntario especial, una figura vigente cuando aún existía la tropa de reemplazo. Según algunos allegados, aquella experiencia le marcó profundamente.

Su último empleo fue conductor de un microbús que presta servicios a residencias de mayores en Huelva.

Sin embargo, hace aproximadamente 10 meses se quedó en paro, concretamente, desde el pasado 12 de enero.

A esta compleja situación laboral se unieron graves problemas personales. Poco antes de que desaparecieran los niños, Ruth le pidió a José que dejaran de vivir juntos. Todavía no habían iniciado los trámites legales para romper el matrimonio. La pareja tuvo ya un primer intento de separación que llevó a José Bretón a demandar asistencia psiquiátrica.

Intento de reconciliación

El hombre no aceptaba perder a su mujer. Incluso un día antes de que los pequeños desaparecieran, Bretón quedó con su esposa tras recoger a los niños en Huelva —había llegado a un acuerdo de régimen de visitas—. Se tomaron un café y el progenitor entregó a Ruth un ramo de flores y una carta. «Quería arreglar su matrimonio», aseguró el pasado jueves José María Sánchez de Puerta, el abogado del padre.

Pero algo debió ocurrir para que en la madrugada del domingo 9 de octubre, la madre de José y Ruth acudiese a la Comisaría Central de Huelva, en el Molino de la Vega, para presentar una denuncia contra su todavía marido por maltrato psicológico.

El letrado de Bretón ha puesto en entredicho la citada demanda. «Si era víctima de esos malos tratos, ¿por qué no los denunció antes?», apuntó.

En cualquier caso, tanto el auto de prisión como el recurso del abogado abordan este punto, fundamental en el caso. Por un lado, el dictamen judicial apunta a «la existencia de un móvil aparentemente anunciado por el acusado». Podría referirse a las amenazas de Bretón a su esposa, a la que, supuestamente, advirtió que no vería más a los niños.

El escrito de Sánchez de Puerta, por su parte y según sus propias palabras, defiende que no se produjeron tales amenazas y que el progenitor intentó reconciliarse con la mujer.

En una nebulosa queda la personalidad del padre de los pequeños. Todo el entorno que ha tenido relación con él durante estos últimos años en Huelva coincide en el hecho de haber tratado con una persona de «gran educación», cuya principal preocupación en la vida ha sido precisamente el bienestar de sus hijos. Otras fuentes, por contra, lo definen como un hombre estricto y algo maniático.

De puertas adentro sólo su familia sabe cómo es Bretón, la última persona que estuvo con los menores el viernes de autos.

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