Durante casi doce horas José Bretón, el padre de Ruth y José, los niños desaparecidos el pasado 8 de octubre, acompañado de numerosos agentes de Policía llevaron a cabo en la finca de Las Quemadillas, propiedad de los abuelos paternos, el que ya es el cuarto registro en busca de alguna prueba que pueda aclarar lo sucedido con los críos.
Y durante todo ese tiempo, la búsqueda se centró en el interior de un cobertizo de 90 metros cuadrados ubicado junto a la gran vivienda de dos pisos que los abuelos tienen en ese terreno y en sus más inmediatos alrededores, para lo cual se levantaron losetas, se abrieron algunos muros, se volvió a excavar en tierra y cemento y se escudriñó en el hueco existente entre el tejado y el falso techo de la construcción, sin que a primera vista se consiguiera fruto alguno.
Desde muy temprano, a eso de las seis de la mañana, llegó hasta la prisión de Córdoba la orden judicial a instancias de la Policía para que José Bretón fuera trasladado hasta la finca, donde se pretendía volver a reconstruir los hechos y practicar, al mismo tiempo, un nuevo registro, pero en esta ocasión centrado en la parte construida de la finca. Y si el detenido estaba allí a las ocho, una hora después se personó el abogado del detenido, José María Sánchez de Puerta, que fue quien informó a los numerosos medios concentrados en el lugar sobre en qué estaban consistiendo las actuaciones policiales, que pusieron patas arriba el cobertizo. Se inspeccionaron también estancias de la casa, entre ellas la habitación en la que supuestamente estuvieron los niños la última vez y donde quedan recuerdos de ellos, como algunos dibujos. En las labores de rastreo, la Policía contó con la ayuda de tres georrastreadores (uno para exteriores y dos para interiores).
Dos andamios
Sobre las 13.50 horas, también llegaron una furgoneta y una camioneta del Ayuntamiento cargadas con sendos andamios que se utilizaron para mirar en el hueco que hay entre el tejado y el techo del cobertizo, mientras que ya por la tarde, a las 17.00 horas acudió una unidad de la Policía del Subsuelo y el vehículo con el geo-radar utilizado en el último registro.
Por entonces se dispararon los rumores de que probablemente se estaba buscando algún tipo de fosa séptica o pozo negro antiguo sobre el que se hubiera construido en su día el cobertizo y que hasta entonces no había entrado en los planes policiales.
Entre tanto, según pudo saber ABC, José Bretón, que volvió a insistir en su versión inicial de los hechos, se mantuvo impasible sentado en una silla contemplando todo el movimiento que se había generado a su alrededor, desde los policías de Subsuelo, que sí llegaron a introducirse en algún lugar bajo tierra, según pudo constatar este periódico, hasta los agentes de paisano que volvieron a picar en el exterior de la vivienda, en un espacio ubicado entre la pequeña piscina y el muro del cobertizo. Sin embargo, la búsqueda fue en vano, a pesar de que las investigaciones siguen centradas en la finca de Las Quemadillas, donde estuvo Bretón con los niños en las horas clave.
Hacia las 19.35 horas, tras la salida de siete vehículos que habían participado en el registro, el último agente de paisano volvió a precintar la puerta de la finca, aunque está previsto que hoy se reanuden las pesquisas.
Por otra parte, según pudo saber ABC por una fuente próxima a la familia, el pasado miércoles los abuelos de los niños, Bartolomé y Antonia, estuvieron en la finca, tras solicitar el pertinente permiso a la Policía, para instalar un aparato de aire acondicionado en la vivienda. «Los abuelos están fatal —comentó la misma fuente—, y tienen dos frentes de dolor abiertos: la desaparición de sus nietos y también por sus hijos». Este amigo de la familia ya fue requerido por la Policía para saber si había participado en la construcción tanto de la casa como del cobertizo, a fin de profundizar en la búsqueda de pistas.




