El próximo fin de semana, las parroquias acogerán las colectas de la Campaña de Navidad, que este año, por causa de la crisis, han contemplado un importante incremento de la demanda por parte de personas y familias necesitadas. «Yo lo cifraría en cerca de un 30 por ciento, y, además de la necesidad de comida, lo que más me preocupa es el crecimiento alarmante de familias amenazadas de desahucio al no poder afrontar sus hipotecas», señala el párroco de San Martín de Porres, Juan Perea.
«Aquí vemos una evolución preocupante, y si los que hace pocos años venían a pedir eran indigentes o personas que estaban de paso, ahora son personas y familias que conocemos de toda la vida en el barrio, que han perdido su empleo y cuando vienen a pedir nos dicen “yo esto no lo he hecho nunca”», informan desde la parroquia de Santa Victoria, en el Naranjo.
Lo mismo apuntan los paúles del barrio del Guadalquivir: «Ahora viene más gente joven que se ha quedado en paro, y más personas mayores que antes subsistían con su pensión y ahora no puede, al haber regresado a la casa los hijos jóvenes que han perdido su trabajo», cuenta el padre Sergio, párroco de Santa Luisa de Marillac, que cifra en unas 350 las familias del barrio que están siendo atendidas por la parroquia en sus necesidades más básicas.
Dos mil euros en comida
«Sólo en el mes de noviembre, la parroquia ha gastado 2.000 euros en comida para las personas necesitadas, porque aquí hay mucha gente con el agua al cuello». Son palabras de Antonio Murillo, párroco de Jesús Divino Obrero, que confirma que en su feligresía también han aparecido demandantes de ayuda que antes no acudían. Como la crisis es para todos, también se nota en las colectas dominicales, sea o no tiempo de la Campaña de Navidad. Así lo confirmaron los consultados, algunos de los cuales cifran ese descenso en más del cincuenta por ciento. «Si hace un año obteníamos 300 euros en un fin de semana, ahora cuesta llegar a los 120», precisó el párroco del Guadalquivir.
En Las Palmeras, la parroquia de San Antonio María Claret ofrece una situación muy dura: «Las necesidades han aumentado, pero seguramente descenderán las aportaciones, recibimos ayuda desde el Banco de Alimentos, pero también en esto se notan los recortes», explicó el claretiano Andrés García, párroco. Y un dato para la reflexión: «En nuestro barrio hay un 75 por ciento de paro y la parroquia suministra alimentos a 225 familias, unas 800 personas».
«Lo terrible del caso —apostilló Perea— es que a los mismos pobres, en Navidad, les hemos creado artificialmente las “necesidades” del consumismo». Efectivamente, algunos piden ayuda sólo cuando se acercan esas fiestas pero, como comentó el párroco, «cuando hay necesidad, da lo mismo que sea Navidad o agosto».


