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Del silencio al grito desesperado

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ABC analiza el cambio de actitud de la madre de los dos hermanos, que ha pasado de mantenerse en la sombra a encabezar manifestaciones y acusar directamente al padre de sus hijos como responsable de la desaparición

Día 15/02/2012

Alzó su voz quebrada 90 días después de que sus hijos desaparecieran. Fue entonces cuando decidió pasar del silencio y el respeto a las comparecencias públicas y las acusaciones sin cortapisas. El cambio que ha experimentado Ruth Ortiz, la madre de los dos hermanos en paradero desconocido desde el pasado 8 de octubre, ha sorprendido a propios y extraños, aunque su actitud no responde sólo al impulso de la desesperación, sino que cada paso que da forma parte de una estrategia meditada —con la ayuda de los agentes que investigan el caso— con un único objetivo: encontrar a los pequeños.

Cuando se conoció la noticia, todas las miras se centraron en las familias —materna y paterna— de los menores. Ante la comisaría de Campo Madre de Dios, Estanislao Ortiz, tío de los niños y hermano de Ruth, habló el día siguiente de la desaparición: «La Policía nos han dicho que mantengamos la calma, que no aventuremos hipótesis y que seamos muy prudentes en las declaraciones que hacemos a los medios de comunicación». Y desde entonces, lo fueron. Ningún allegado directo volvió a ponerse delante de una cámara. Para ello, nombraron a una portavoz, Esther Chaves, que fue la cara visible y la voz de Ruth Ortiz.

Pese al acoso mediático, la madre de los menores no se dejó ver. Después de estar unos días en Córdoba, regresó a Huelva, donde reside, e incluso se trasladó a casa de unos amigos para evitar los flashes.

El 16 de octubre lanzó su primer grito desesperado a través de una misiva que leyó Chaves en la primera concentración que se celebraba para pedir el regreso de los críos. Ortiz no participó en la marcha por expresa recomendación de los psicólogos que la tratan.

En el escrito, la madre de los hermanos mostraba su esperanza en encontrar con vida a José y a Ruth, y aseguraba no tener rencor. «Quien los tenga, si los deja libres, contará con mi perdón. No soy vengativa. Me enseñaron a perdonar. Soy capaz de perdonar y olvidar si vuelvo a ver sus caritas y a escuchar “mamá”».

No apuntaba a nadie. Es más, ante cualquier insinuación en contra de su exmarido, José Bretón, que todavía no había sido encarcelado —aunque ya se perfilaba como el principal sospechoso—, se mostraba cauta: «Hay que respetar la presunción de inocencia», dijo entonces, a través de su portavoz.

Se acabó la discrección

Incluso después, cuando el padre de los pequeños ingresó en prisión, Ortiz seguía manteniendo la calma. «Está claro que siguiendo un plan meditado, porque esa actitud no se corresponde con la de una madre que lleva tanto tiempo sin saber de sus hijos y con todos los indicios apuntando a su expareja», manifestaron algunos psicólogos consultados por ABC que prefieren mantenerse en el anonimato por la trascendencia del caso.

Todo cambiaría a partir del 28 de diciembre de 2011, después de que Ruth mantuviese un encuentro en el centro penitenciario con Bretón. En esa entrevista, el padre de los niños no aportó ninguna novedad en su versión de los hechos. Diez días después, la madre de los menores se puso a la cabeza de la manifestación por los tres meses de la desaparición y cambió radicalmente el guión. Del respeto por la presunción de inocencia pasó al «todo el mundo que conozca a José sabe que no ha perdido a los niños y al que no lo conozca se lo digo yo. Él es el responsable. Pero es más fácil aferrarse a que los perdió a aceptar una cruda realidad».

Desde entonces, Ruth Ortiz no ha dejado de sostener en las concentraciones los carteles de sus hijos y hasta ha grabado un anuncio con varios rostros famosos pidiendo ayuda para encontrarlos.

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