Pegados a las farolas hay mil carteles, especie de marketing suburbial, llamadas de la desesperación
Día 19/03/2012 - 09.41h
Reconozco que, al principio, no sabía qué demonios contestar. Y que me molestaba la dichosa pregunta. Por humillante. Sucedía a menudo. Grupos de amigos o conocidos de otros lugares de España —principalmente del norte, de Madrid o de Cataluña— pasaban aquí unos días, conocían la ciudad, la alababan, ciertamente, pero al final, constatando el nivel de paro (31%), de pobreza y de precariedad que sufrimos, se quedaban mirándome con cara de pasmarotes y me interpelaban: «¿Pero, Paco, cómo se puede vivir aquí sin que estalle un conflicto social, una bien gorda?».
Al principio, ya digo, no sabía qué contestar. O cómo contestar, porque me da pereza explicar según qué cosas. Pero luego, caminando por esas calles que tanto embrujan a quienes sólo pasan de puntillas por Córdoba, encontré la solución. Y ahora, cuando me hacen la preguntita, les señalo una farola. La cara de pasmarote es la misma. Pero les digo a mis amigos que lean. Porque las farolas se pueden leer. De hecho, muestran la radiografía más clara y evidente de cómo se puede vivir —o sobrevivir— en tiempos de crisis. Especialmente en Andalucía.
Imagino que ustedes lo habrán visto también. Pegados a las farolas hay mil carteles, especie de marketing suburbial, llamadas de la desesperación. Tan humildes postes eléctricos se han convertido en un cambalache de ofertas y demandas de todo tipo. Empezaron por sustituir a las inmobiliarias, pues en cualquier farola se podía encontrar el anuncio de un pisito que era un chollazo; luego sustituyeron al INEM; (¡normal!), así que en cualquier farola podemos encontrar pintores, escayolistas, albañiles, profesores de inglés, señoras que ofrecen sus servicios para cuidar enfermos, niños o ancianos; señoras que simplemente ofrecen sus servicios para…, dejémoslo ahí.
Cualquier cosa que necesitemos se encuentra anunciada en la farola más cercana. Es un bazar cañí. Incluso se venden camisetas «auténticas» del Barça y del Madrid. O te echan las cartas a buen precio. Es un mercado paralelo. A tanto la hora. Siempre por horas. Porque funciona sin facturas ni IVA, o sea, contabilidad B, un mercado sumergido a la economía real. Eso, y no otra cosa, es lo que permite sobrevivir a muchas personas, y a nosotros como sociedad. Esto es, que no estalle el conflicto que un 31% de paro y una pobreza en auge conllevaría. Por eso, si ustedes quieren saber qué está ocurriendo de verdad en nuestras calles y cómo podremos salir de la crisis, no hagan demasiado caso a las proclamas políticas que escucharemos en la recta final de campaña. No. Acérquense a las farolas. Sólo su humilde luz alumbra y explica las cosas. Una luz paradójica, por mortecina y turbia. Diríase que negra. Como el mercado de supervivientes que publicita.


