De acuerdo: los Patios que ayer abrieron sus puertas suponen la cristalización de una forma de vida humilde que se amparaba en los dones sencillos de la primavera para poner belleza donde sólo había escasez. Pero, ¿hasta dónde hay que bucear en la historia para hallar el origen de un tipo de construcción, la casa de vecinos, con una estancia en común al aire libre, que por más que siga en boga en el casco histórico no supone ya más que una minoría en el parque de viviendas de la capital?
«Hay que remontarse a cuatro milenios antes de Cristo». La respuesta corresponde al arquitecto Arturo Ramírez Laguna, que ha dejado constancia en numerosos escritos especializados de su erudición acerca de los Patios. «Las primeras ciudades con espacios privados descubiertos se dan en las sociedades sumerias, en Mesopotamia: son construcciones típicas en las ciudades fortificadas o amuralladas, apiñadas de una manera defensiva y que se vuelcan hacia espacios interiores abiertos en los que sus habitantes estén protegidos», afirma este experto.
«La intención era conseguir tener un pedazo de cielo dentro de la casa sin que sus moradores corriesen peligro», añade, y cita las edificaciones de Jericó y sobre todo las de la urbe de Chatal Hyuk en Turquía, que son casi 7.000 años anteriores al nacimiento de Jesucristo. «Estas viviendas con patio se localizan en ciudades amuralladas, no en el campo abierto, donde la construcción típica es la cabaña y el espacio al aire libre está de puertas afuera». Ramírez Laguna sitúa este modelo de construcción doméstica en toda la franja climática templada del planeta. «En la India, por ejemplo, también existen casas con patio», asegura, al tiempo que subraya que «dentro de las formas de hábitats de estas áreas muy pronto aparece el patio, por la necesidad que existe de disponer de zonas de soleamiento privadas, de manera que se da en varias culturas a la vez».
«Lógicamente, cada peculiaridad local ha ido aportando matices al modelo, y en el caso de Córdoba hay que contar con las influencias de Roma, de Bizanzio y, claro, del mundo islámico, que fueron especialmente cuidadosos con los Patios porque para ellos era fudamental que allí se protegiera a la mujer del exterior, de forma que pudiera estar al aire libre sin salir a la calle».
Rafael Obrero, arquitecto y ex presidente de la empresa municipal de viviendas (Vimcorsa), centra su mirada en el mundo islámico. «Entre las múltiples referencias históricas relativas al patio con que podemos toparnos en nuestro entorno, desde época prerromana hasta la actualidad, una de las más interesantes, sin duda, es la que podemos observar en el conjunto de edificaciones residenciales de Madinat Azahra».
Obrero cita dos casos concretos. En primer lugar, «la vivienda de la Alberca, el más viejo patio-jardín de doble pórtico que conocemos en el Islam Andalusí, un espacio conceptualmente a medio camino entre el jardín exterior y el patio privado interior. Sin duda es un precedente muy cercano a algunos de los patios que actualmente paseamos, elementos urbanos pero con una importante carga de naturaleza domesticada».
El legado musulmán
El segundo exponente al que hace referencia el exdecano del Colegio de Arquitectos es la Casa de Ya'far, también situada en el yacimiento arqueológico cordobés. «Se trata de una vivienda de un alto cargo de la administración califal que se organiza entorno a varios patios de diverso carácter, desde el más representativo y público de la entrada hasta los pequeños patios de servidumbre para iluminar y ventilar las estancias», afirma Obrero. «En la de Ya'far, recuperada en 2003, podemos disfrutar de una bella proporción entre el espacio abierto y los pórticos que lo cierran, conformando un conjunto realmente bello», precisa.<MC0> El expresidente de Vimcorsa concluye que «estas dos viviendas, que beben de la arquitectura de Oriente Próximo, jalonan la historia de la casa patio tal como la conocemos hoy día».
Por su parte, José Campos, el conservador de Bodegas Campos, apela al origen romano de los Patios. «Nuestra ciudad —indica— fue fundada por Roma, y casi todas las características que ha tenido hasta la década de los sesenta del siglo pasado estaban imbuidas, como una carga genética determinante, por este origen y por esta civilización mediterránea, que es la nuestra». Campos argumenta que, «como es natural, cada periodo histórico ha ido enriqueciendo este legado con sus aportes naturales (visigodos, hebreos, musulmanes y cristianos), pero los patios ya estaban en la ciudad desde el primer momento, al igual que un perímetro de murallas y de ciudad que hemos alcanzado a conocer, un sistema de abastecimiento de aguas desde la Sierra, un tipo de jardinería, agricultura o ganadería, una forma de vivir y hasta, si me apuran, una forma de ser». El conservador del señero establecimiento de la calle Lineros no alberga dudas: «Los cromosomas de esta ciudad son romanos, como sus patios».




