Bretón en el informe policial: su mujer era para él un objeto sexual; sus hijos, una carga; se cogió una baja falsa en el Ejército, es el amo de su familia y adora a Jack Nicholson
Día 09/05/2012 - 08.55h
El extraño y atípico comportamiento mostrado por José Bretón y que fue detectado desde el primer momento, con el paso de los días se fue incrementando. Su actitud parecía muy alejada de la realidad de lo que acontecía». El frío lenguaje policial abre la diligencia en la que un investigador relata el resultado de convertirse en la sombra de Bretón durante una semana, desde el día 10 de octubre al 17, cuando fue detenido, casi a petición propia, como adelantó ABC. «Detenedme ya», le espetó al agente de Homicidios tras sentarse en un sofá de «Las Quemadillas» con la cabeza entre las manos y después de confesarle que los niños estaban «cerca» a la pregunta del funcionario sobre si los pequeños estaban en la finca.
El policía, en cuya declaración enhebra un relato de cómo se comportaba el sospechoso que pone los pelos de punta, explica casi al final que ha tratado de evitar el lenguaje «sórdido y vulgar» que en muchas ocasiones empleó Bretón. Sólo reveló frases puntuales para que «en su contexto real pueda apreciarse con mayor exactitud cuál era la carga emotiva de esas palabras». Tan «emotiva» y elocuente como los insultos soeces que dedicó encadenados a la madre de sus hijos, Ruth Ortiz: «Soy el que paga y aquí se folla todos los días, tanto si ella quiere como si no».
Cuenta que no se fía de ella, que tiene secretos y que leyó sus diarios, que siempre hizo lo que la mujer quería y que no entendía que ahora «la gran puta» lo hubiera dejado tirado. Sacó a relucir sus celos hacia un amigo de la infancia de su mujer a la que llegó a decir «que si lo que quería era follárselo, que él mismo la llevaba a Madrid para que lo hiciera». Íntimos y degradantes, esos fueron los comentarios favoritos del padre al agente mientras sus compañeros removían cielo y tierra en busca de los niños, en su presencia, en la finca familiar. «Se muestra frío y distante, como si no fuera con él. Dice que estamos perdiendo el tiempo en la hoguera, que ahí no vamos a encontrar nada». Así de seguro estaba de las pistas falsas que había dejado.
No nombra a sus hijos
«No nombra a sus hijos —prosigue el informe— no muestra el más mínimo síntoma de angustia, pena o desesperación». Sí, ganas de juerga: se ufana y desbroza detalles escabrosos y sexuales sobre su escarceo con una prostituta rumana; saca un radiocasette a falta de guitarra en una juerga que le proponen los agentes como cebo y que él no rechaza; ofrece una botella de vino «recién sacado de la nevera» y cuando el agente, en una vuelta de tuerca para ganárselo le hace una propuesta surrealista, acepta.
«Tanto insiste en el tema de las prostitutas que le dije: qué te parece si cuando juegue España (creo que era con Lituania el día 14), vemos el partido, merendamos, luego me dices dónde están los niños y cómo los mataste y después nos vamos de putas. Bretón moviendo la cabeza a un lado dijo: “No me parece un mal plan». El funcionario llamó a otros compañeros y repitió la estrategia. La respuesta del sospechoso fue idéntica para pasmo de los investigadores. «La impresión desde el principio es que era muy fuerte mentalmente». Y vanidoso; por eso se jactaba de sus engaños. Engañó a un médico del Ejército para que le recetara las pastillas con las que intentó suicidarse en 1997 tras abandonarlo su novia. Después de dejarlo Ruth acudió a otro psiquiatra para conseguir de nuevo ansiolíticos que nunca han aparecido. Explicó que se matriculó en Derecho para cobrar la beca de 270.000 pesetas y ahí acabó su carrera.
Receta orfidal
El policía manifestó un episodio revelador. El día 12, durante un registro en casa de sus padres encontraron la receta de un psiquiatra. Bretón se puso tenso. Se le preguntó por los medicamentos (Orfidal y Motivan) y dijo que no sabía dónde estaban ni recordaba dónde los había comprado. A continuación gritó a su madre y a su hermano, «que quedó como acobardado». El padre asistía a la escena sentado y cabizbajo. «Parecía que José es quien dominaba al resto de su familia». «Solo le importaba su suerte», concluye el policía. No tuvo ni una mención cariñosa a sus hijos.



