La imputación a José Bretón de un presunto delito de maltrato físico a su hijo del mismo nombre y 2 años de edad se ha convertido en la penúltima esquina de un caso encriptado y laberíntico. Como avanzó ABC el pasado sábado, el juez que instruye el caso aprovechó la comunicación de su auto de procesamiento el viernes 15 para abrir las diligencias, tras tomarle declaración, por una agresión física al pequeño José acaecida en agosto de 2011 en un restaurante de comida rápida del Centro Comercial El Arcángel. Y todo ello en base a los testimonios de testigos presentes en esa reunión en la que también estaba la madre, Ruth Ortiz, que sin embargo ha admitido ante el juez no conocer los hechos.
En el centro del debate, nuevamente, la relación de Bretón con sus hijos, que ha viajado durante estos más de ocho meses que dura la desaparición en dientes de sierra según las declaraciones a las que se atendiera. El abogado defensor de José Bretón, José María Sánchez de Puerta, quitó hierro al asunto, negó los hechos como portavoz de su cliente y advirtió que a lo mejor el progenitor podía haber dado alguna vez un cachete a su hijo, pero como otros muchos padres y sin salir de cierta normalidad en la conducta. Hay quien ve en esta imputación una medida de presión hacia el encartado.
Al principio de la separación, Bretón quiso llevarse a la niña y dejar al niño
«José no tiene paciencia con los niños; ni le gustan. Al principio de la separación quería llevarse sólo a la niña y yo quedarme con el chico porque es más inquieto y revoltoso», le contó Ruth Ortiz al juez el pasado 4 de mayo. La propia letrada de Ortiz planteó a Bretón en un pasaje de su interrogatorio dos días antes el «acuerdo» por el que se articulaba el matrimonio respecto a su descendencia: mientras José trabajaba, los niños eran para Ruth. Las tornas cambiaron cuando la veterinaria onubense encontró empleó y volvió a estudiar y su marido acabó en el paro. Entonces José tenía que hacerse cargo de los niños.
«Como han querido poner que soy un tirano, sólo le digo que cuando sale mi hijo de la guardería se come a besos a su padre: o la niña cuando sale del colegio. Están queriendo poner una situación que no es real», se defendía Bretón a mediados de febrero en su anterior comparecencia en el Juzgado de Instrucción 4 de la capital. «Soy dócil, soy feliz con los niños», recalcó entonces.
Sin quererlo, el pequeño José se convierte en el punto de inflexión de la relación en diciembre de 2009, cuando la pareja, con problemas psicológicos, de su tío Estanislao Ortiz le echa sal y ajo en un biberón que le iba a dar. Tanto Ruth como José admiten que ese pasaje desató la crisis, en gran medida, de su matrimonio. José puso distancia entre la familia de su mujer y la propia Ruth y sus hijos. El asunto acabó en el juzgado. Obdulia, la suegra de Bretón, es otra damnificada pues éste cree que se salta su prohibición de ver a los niños impuesta a familiares políticos. Nada fue igual desde entonces.
Merienda tortuosa
El desempleo, la distancia con su familia política y la nueva situación laboral de Ruth tensa a Bretón, que cada mañana realiza la misma rutina para llevar a su familia al trabajo y la escuela. Después, debe encargarse de sus hijos hasta que por la tarde llega su mujer del trabajo. Por su sueño más frágil, frente al profundo de su esposa, ésta admite al juez que por las noches las atenciones a los críos solían correr por cuenta de José. Ella lo describe como estricto en los horarios, la limpieza o el comportamiento. Razón de más para que el magistrado sospeche del tiempo que ambos críos pasaron sin comer el sábado 8 de octubre -pan, por última vez, a las 13.30 horas según la abuela materna en su casa- hasta que se perdieron, según la tesis del padre, en el Parque Cruz Conde. Amigos en común ratifican ante el togado que José siempre echaba en cara de Ruth que «había que estar encima de los niños».
Según Ruth, el padre pegaba en la boca del pequeño cada vez que no tomaba la merienda
El pequeño José es un crío inquieto, vivo, muy caluroso, según su madre. Andaba solo, pero preferían llevarlo de la mano. Su movilidad también ha sido objeto de investigación por el juez para contrarrestar los argumentos de Bretón acerca de su despiste en el parque. Él sentado en una barra de ejercicio y los niños, solos, entre un grupo de veinte personas que deambulaban por allí. «La niña estaba siempre pendiente del hermano», apostilló la madre ante el juez.
En medio del reciente revuelo por las últimas declaraciones y actuaciones policiales, el hermano de Bretón colgó en Twitter una foto reciente de José con su pequeño para dulcificar el retrato deconstruido de un padre.




