Apostando por la cereza de Jaén, el ‘tesoro desconocido’ entre olivares
La finca de la familia Conde utiliza prácticas sostenibles para cultivar varias variedades de esta fruta de hueso, cuyo cultivo está desapareciendo en la zona por la falta de mano de obra y la meteorología
Acaba de dar comienzo la época de una de las frutas más populares, la cereza. Aunque la más conocida es la que viene del extremeño Valle del Jerte, lo cierto es que Andalucía tiene su propia cereza, de excelente calidad pero, sin embargo, muy desconocida para los consumidores: la cereza de Jaén. De hecho, la provincia es la tercera productora en España de este fruto, con más de 1.300 hectáreas.
La producción de cereza en Castillo de Locubín, principal localidad donde se da este cultivo, está en manos, sobre todo, de explotaciones medianas y familiares.
Es el caso, por ejemplo, de la que gestiona el ingeniero agrónomo Antonio Manuel Conde, que detalla que en su finca, situada en la vega del río San Juan «aprovechan el adelanto de la producción para ser más competitivos que en otras zonas», donde la floración ha sido más tardía debido a las condiciones meteorológicas. Este año, la floración se ha adelantado unos diez días en comparación al año anterior donde la producción fue baja debido a la sequía que venía arrastrando el campo.
En las campañas que transcurren de manera ‘normal’, meteorológicamente hablando, la provincia produce unas 700.000 toneladas de cereza, que se destina tanto a uso industrial como a su venta en fresco.
Y es que este fruto también tiene una cualidad única que hay que tener en cuenta a la hora de su puesta en el mercado: es el único fruto de hueso considerado no climatérico, es decir, que si se recolecta antes de tiempo no llega a madurar fuera del árbol, al contrario de lo que sí sucede con otras muchas frutas.
Prácticas sostenibles
La cereza que comercializa Conde está cultivada con prácticas agrícolas sostenibles pues el objetivo, explica el joven, es «conseguir un producto de calidad, que respete el medioambiente, con valor añadido y que cree nuevos puestos de trabajo». Este valor añadido se debe, sobre todo, a la venta directa, que realizan directamente desde la explotación agrícola. «De esta manera es posible conocer de primera mano a los agricultores, al cultivo, el entorno, y por su puesto degustar bajo un cerezo el producto», asegura.
Con el objetivo de diversificar, la familia Conde cultiva hasta una decena de variedades de cereza, desde la ‘Burlak’, la ‘Starking’, de floración temprana, o la ‘Lapins’ o ‘Napoleón’, de floración más tardía. Esta última es la más dulce, aunque no es tan típica y, muchas veces, llama menos la atención del consumidor, pues su color es más anaranjado.
Falta de relevo
«Tratamos de seguir innovando y apostando por este cultivo tan característico de la zona y que, por desgracia, se está perdiendo», afirma Antonio Conde. La meteorología adversa de los últimos años, sumado a una recolección totalmente manual para la que, cada vez, hay menos mano de obra, son los dos principales factores que están llevando a que se abandonen fincas de cerezo y, ni mucho menos, se planten más.
«No existe relevo generacional, por eso nos esforzamos en poner en marcha innovaciones que creen un suelo sano con la ayuda de nuevas herramientas tecnológicas que permiten producir cerezas de calidad, saludables y respetuosas con el planeta».
Además, con el objetivo de seguir promocionando el consumo de la fruta de la zona, en Castillo de Locubín se celebrará entre el 7 y el 9 de junio la tradicional Fiesta de la Cereza, que este año alcanza su 39 edición.