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Cultivar en zonas protegidas

Las trabas agrícolas por las aves esteparias promueven una asociación de afectados

La declaración de Zona de Especial Protección para las Aves Esteparias (Zepas) alcanza en la provincia de Sevilla más de 35.000 hectáreas

24/11/2019 Actualizado a las 17:42

Agricultores de la campiña sevillana que desarrollan su actividad en Zonas de Especial Protección para las Aves Esteparias (Zepas) han decidido organizarse y constituirse en una asociación. El objetivo es luchar por sus derechos e impulsar el desarrollo agrícola sostenible de la comarca, fundamental para el empleo y la actividad económica de la zona y también para evitar la despoblación rural y mantener el equilibrio demográfico del entorno.

La declaración de Zona Especial de Protección para las Aves Esteparias (Zepas) alcanza en la provincia a un total de 35.735 hectáreas que sufren fuertes limitaciones en su aprovechamiento agrícola y que, sin embargo, no están recibiendo las compensaciones previstas por la Unión Europea. Limitaciones que van desde la imposibilidad de modificar el uso agrícola hasta las restricciones para cambiar de cultivo atendiendo a las circunstancias del mercado o al contexto meteorológico.

Más de un centenar de agricultores, pertenecientes a los municipios de Osuna, Marchena, Écija, El Rubio y Lantejuela, afectados por esas limitaciones y que sienten que la supervivencia agrícola de sus explotaciones se encuentra seriamente amenazada se reunieron recientemente en Osuna, con el objetivo de consensuar un plan de actuación y defender sus derechos.

Organización representativa

La primera decisión adoptada ha sido organizarse como asociación y tratar de alcanzar una representatividad superior al 75%, a fin de adquirir toda la legitimidad de interlocución ante los poderes públicos. Para ello, han decidido contratar los servicios jurídicos del Despacho Cremades Calvo-Sotelo, para que les tutele en ese proceso de constitución y articulación del diálogo con las administraciones competentes (principalmente, la Junta de Andalucía y más concretamente, la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible).

«Estamos continuamente incorporando a nuevos propietarios afectados, y la idea es que, en el plazo máximo de un mes, esté ya constituida esta asociación representativa, en forma jurídica, tal y como permite la legislación ambiental», declara Francisco Fernández, director en Sevilla de la firma de abogados, despacho especialista en gobernanza y sector público.

La idea es «representar masivamente los intereses de los afectados pero también ir de la mano de la Administración, constituyendo un grupo de trabajo en común que aúne los intereses productivos y medioambientales y que se ajuste a la realidad, ya que la normativa que se está aplicando está desactualizada», señala el abogado.

Decreto de 2008

La regulación de las zonas Zepas en Andalucía procede de un Decreto aprobado en 2008 y que no ha tenido más desarrollo desde entonces (Decreto 429/2008, de 29 de julio, por el que se declaran las Zonas de Especial Protección para las Aves «Campiñas de Sevilla» y «Alto Guadiato»). Dicho Decreto establecía una zonificación de los hábitats que requerían especial protección, disponiendo una serie de restricciones en su explotación en adaptación de las disposiciones de la normativa comunitaria y los objetivos marcados por la Unión Europea.

Sin embargo, en los últimos once años, estos hábitats han sufrido cambios, pues «hay explotaciones que mantienen la especial protección ambiental en determinadas hectáreas por avistamientos de pájaros cuando el número de especies ha disminuido significativamente o bien las aves se han desplazado a otro sitio», declara Manuel Montaño, uno de los agricultores afectados.

Manuel cuenta con una explotación de cereal de 200 hectáreas de las que «más de la mitad está en Zepas». Explica que la principal limitación a la que se enfrentan los agricultores es «no poder decidir cambiar de cultivo con el objetivo de rentabilizar la explotación o realizar mejoras como la instalación de placas solares, pese al beneficio ambiental que ello supondría», lo que está derivando en «una pérdida de valor patrimonial de nuestras fincas», lamenta.

Del cereal al olivar

Los cultivos tradicionales de la campiña sevillana, como el trigo y el girasol en secano, están perdiendo peso en la comarca, sustituidos cada vez más por otros permanentes como el olivar o el almendro, que resultan mucho más rentables. Sin embargo, los agricultores que están en superficie Zepas no pueden decidir hacer este cambio en su explotación para mejorar su cuenta de resultados, pues deben pedir una autorización a la Consejería de Agricultura (que también ostenta las competencias en materia de Medio Ambiente), lo que incluye presentar la redacción de un proyecto técnico que debe pagar el agricultor de su bolsillo.

El coste rondaría «entre 12.000 y 18.000 euros, y una vez hecho el gasto, los agricultores no tenemos asegurada la autorización para mejorar la explotación, pues puede resultar denegada por la Junta», denuncia Manuel Montaño.

Por ello, insiste en que «estamos sufriendo todos los inconvenientes de esta regulación, sin beneficiarnos de los mecanismos de compensación también previstos por las administraciones y, en particular de los fondos comunitarios destinados a la protección de estas zonas y su desarrollo sostenible».

De hecho, el Programa de Desarrollo Rural de Andalucía 2014-2020 contempla ayudas (Operación 10.1.8, de la Medida de Agroambiente y Clima) a los sistemas agrarios de especial interés para las poblaciones de aves esteparias y aves de los arrozales andaluces, ayudas que, «debido a la compleja redacción de las bases reguladoras han desincentivado a los agricultores en la última convocatoria», sostiene Montaño.

Varios municipios

Casi uno de cada cuatro agricultores y ganaderos andaluces realiza sus labores en áreas protegidas. La superficie declarada como Zonas de Especial Protección para las Aves Esteparias (Zepas) afecta a 35.735 hectáreas, pertenecientes a los términos municipales de Osuna (67,64% de la superficie total), Écija (26,88%), Marchena (4,12%) y La Lantejuela (1,36%).

Se trata de un paisaje agrícola en el que los cultivos de secano conviven con uno de los grupos de aves más amenazadas, como la avutarda. De hecho, la campiña cerealista de Sevilla constituye el área más significativa de las poblaciones de avutardas del valle del Guadalquivir, con casi un centenar de ejemplares reproductores.