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Investigación

Así se comporta el carbono en la dehesa según el método que se use para manejar el suelo

Un estudio de la UCO asegura que la capacidad de la dehesa para secuestrar carbono es la misma si esta se dedica a pastos permanentes o mantiene cultivos ocasionales

12/05/2020 Actualizado a las 13:29

Un equipo de investigación de la Universidad de Córdoba (UCO) ha participado en un estudio que muestra, tras comparar dos sistemas de uso del suelo mantenidos durante 22 años, que la capacidad de la dehesa para secuestrar carbono es la misma si esta se dedica a pastos permanentes o mantiene cultivos ocasionales.

El almacenamiento y la dinámica del carbono orgánico del suelo dependen de la región, del tipo de suelo, de la climatología y del manejo del suelo. Por ello, «ante la falta de trabajos previos que midan la distribución en profundidad de la concentración de carbono orgánico en dehesa», han llevado a cabo esta investigación.

Procedimiento

Las parcelas elegidas fueron, por un lado, una en la que se había cambiado el cultivo ocasional por los pastos permanentes. Era una dehesa con encinas jóvenes (plantadas en 1995), pastada por ovejas desde el año 2000 (seis meses por año).

Antes de esto, se gestionaba de la misma manera que la segunda área evaluada en el estudio, una dehesa adyacente de encinas maduras muy espaciadas entre las que se cultiva una mezcla de veza y avena cada tres años y se labra con arado chisel (herramienta que permite labrar el suelo, sin invertirlo entremezclando superficialmente los restos vegetales).

La segunda área elegida para el estudio fue una dehesa adyacente de «encinas maduras muy espaciadas entre las que se cultiva una mezcla de veza y avena cada tres años y se labra con arado chisel (herramienta que permite labrar el suelo, sin invertirlo entremezclando superficialmente los restos vegetales)», explican los investigadores.

De este modo, en esta segunda parcela analizaron cómo cambiaba el secuestro de carbono por parte del suelo debido a esta transformación producida hace 22 años.

Análisis tras 22 años

Según los investigadores, «después de 22 años la distribución del carbono en suelo de las dos dehesas es similar, con aproximadamente 40 toneladas por hectárea en los primeros 100 cm de profundidad».

Sin embargo, han explicado que «la diferencia de manejos sólo se refleja en un aumento de la cantidad de carbono orgánico en la superficie del suelo, que fue mayor en la dehesa transformada en la que se suprimió el cultivo y el laboreo».

Resultados similares

En la dehesa cultivada, «la presencia de árboles maduros modificó significativamente la distribución del carbono orgánico del suelo en su entorno, aumentando la relevancia de la fracción desprotegida, que es la materia orgánica que tiene un periodo de permanencia menor en el suelo, ya que es más degradable».

En cambio, «bajo la copa de los árboles plantados en el año 1995 la concentración de carbono orgánico fue similar a la de los claros», señalan.

Por lo tanto, como asegura Pilar Fernández, «serían necesarios más de 22 años para que el efecto de los árboles modificase de manera sustancial el carbono orgánico del suelo en sus inmediaciones. Mientras tanto, este estudio contribuye a la investigación con una cuantificación rigurosa del contenido total de carbono orgánico en dehesas en ambientes típicos mediterráneos».

El equipo de la UCO ha estado compuesto por Lizardo Reyna, Jesús Fernández Habas y liderado por la profesora Pilar Fernández, mientras que el equipo de investigación del IAS (CSIC) ha estado liderado por José Alfonso Gómez.

La dehesa en Andalucía

La dehesa es un ecosistema que cubre alrededor de 4 millones de hectáreas en las provincias del sudoeste de Andalucía. Este sistema donde conviven árboles, pastos y ganado aporta una serie de servicios ecosistémicos entre los que destaca la fijación de CO2, que implica la reducción de su presencia en la atmósfera.

La dehesa puede acumular cantidades que van entre las 25 y las 75 toneladas de carbono orgánico por hectárea, concluyen los investigadores.