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Entrevista

José María Castilla: «El pago básico es la única herramienta que estabiliza la renta de los agricultores»

El director de la oficina de Asaja en Bruselas defiende que la nueva PAC sea más fuerte y simple, evitando que la protección ambiental choque con la rentabilidad de las explotaciones

18/06/2019 Actualizado a las 11:16

Los asuntos que afectan al campo andaluz no se resuelven a pie de finca, sino a miles de kilómetros de Andalucía. En Bruselas, principal sede administrativa de la Unión Europea, es donde se sitúa el verdadero frente de batalla de los agricultores. Un emplazamiento estratégico para la patronal agraria Asaja que cuenta en la capital belga con una oficina de representación permanente, dirigida desde el último año por el cordobés José María Castilla. Es el altavoz de la agricultura andaluza ante los órganos de decisión de la política agraria comunitaria, en un momento determinante para el futuro del campo, pues el debate sobre la nueva reforma post 2020 ya está abierto.

—Casi uno de cada tres euros de las ayudas europeas que llegan a España tiene como destino el campo andaluz. ¿Se mantendrá un presupuesto suficiente en la PAC post 2020 para garantizar los pagos directos?
—La nueva PAC debe ser sólida, común y dotada de un presupuesto adecuado que permita a los agricultores seguir proporcionando alimentos seguros, de calidad y producidos de manera sostenible. El marco financiero plurianual deberá, por lo menos, garantizar el mantenimiento de los fondos actuales de la PAC, que representan menos del 1% del total del gasto público de la UE. Pero las negociaciones sobre la revisión intermedia del marco financiero se presentan complicadas y el Brexit (salida del Reino Unido de la UE) va a suponer un importante déficit en la financiación de la política agraria, pues se habla de entre 1.200 y 3.100 millones. En cualquier caso, el mantenimiento de los pagos básicos es irrenunciable pues, hasta la actualidad, es la única herramienta que garantiza la renta de los agricultores.

—Este año 2017 será decisivo para lograr que la futura reforma sea adecuada a los intereses de los productores andaluces. ¿Cuáles son las prioridades según Asaja?
—Los agricultores no necesitan una nueva PAC, sino menos burocracia y menos controles. Cuando preguntamos a los productores qué es lo peor de su profesión coinciden en señalar a la burocracia. Por tanto, tenemos que simplificar porque, sobre todo, el reverdecimiento y la condicionalidad se han vuelto demasiado complicados. Aparte, la seguridad alimentaria y el cambio climático son los dos principales retos a los que se enfrenta la humanidad y los agricultores son el núcleo de la respuesta, pues somos el único sector capaz de mitigar con nuestros actos el cambio climático y eso se debe valorar tanto por la Comisión Europea (CE) como por los Estados miembros, y hay que transmitir este valor a la sociedad en general. No obstante, las medidas de protección ambiental nunca pueden chocar con la viabilidad de las explotaciones, por tanto, sostenibilidad ambiental pero también económica y social. Por otra parte, como ya he dicho, los pagos básicos son fundamentales para asegurar la renta, y hay que seguir apostando por los dos pilares de la PAC, sin transferencias.

—Desde Andalucía se hace hincapié en reclamar mecanismos eficaces de control de mercados para evitar los vaivenes de los precios. ¿Cómo puede avanzar la reforma en este sentido?
—Existen perturbaciones en el mercado propias de la volatilidad, de una mayor exposición a nuevas enfermedades animales y vegetales o de acontecimientos climáticos extremos. Todo ello provoca la bajada de los precios, dando lugar a problemas de liquidez para los agricultores. Por eso, es fundamental buscar nuevas herramientas de gestión de mercado y nuevos modelos de comercialización, y debemos hacer hincapié en que estas nuevas herramientas se sitúen siempre en el segundo pilar. Existe una tentación de ubicarlas en el primero, lo que supondría un grave ataque a la renta de los agricultores. La PAC post 2020 debería incluir herramientas de gestión de los riesgos más específicas y eficientes, como el desarrollo de los mercados de futuros. También, habría que introducir medidas preventivas para abordar las catástrofes naturales y su impacto para la renta agrícola. Aparte, hay que equilibrar más la cadena de valor, estableciendo nuevas normas europeas para evitar ciertas prácticas comerciales desleales y aumentar la trasparencia del mercado.

Producciones y mercados

—Respecto a la PAC actual, el greening ha centrado la mayoría de propuestas de simplificación, pero algunas son muy lesivas para cultivos de la provincia y podrían entrar en vigor este año.
—En el pasado pleno de Estrasburgo, la Comisión Europea (CE) presentó la propuesta de simplificación del greening con 14 medidas. Entre ellas, la más polémica es la que prohíbe usar fitosanitarios en las superficies de interés ecológico. En Asaja estamos totalmente en contra de esta medida, que afectará, por ejemplo, al cultivo de alfalfa del Bajo Guadalquivir, pero también a las leguminosas y cultivos intermedios. Asaja no está sola, pues el Copa-Cogeca, que representa a 22 millones de agricultores y a todas las cooperativas a nivel europeo, también está en contra, además de 18 Estados miembros. Tenemos unos dos meses para seguir explicando lo perjudicial que supondría esta medida para el sector, pues la explotación agraria, aparte de ser medioambientalmente sostenible, tiene que tener rentabilidad.

—En cuanto a la ganadería, el acuerdo de libre comercio con Canadá (CETA) recientemente aprobado no ha gustado mucho al sector, especialmente al del vacuno y porcino. ¿Cómo valora este tratado?
—El acuerdo puede considerarse, a grandes rasgos, positivo, aunque el sector más perjudicado puede ser el vacuno. Libera muchos de los productos agrarios, sin aranceles, pero se establecen unos contingentes máximos para los productos sensibles, que para la parte europea son vacuno, porcino, trigo y maíz; y para la canadiense, los quesos. No hay concesiones para aves y huevos, y se han respetado 143 indicaciones geográficas protegidas, lo que es muy importante para la agricultura europea, que apuesta por la calidad. Además, beneficiará a sectores como las frutas y hortalizas, el aceite de oliva y el vino.

—El sector se queja de que en Canadá hay menos control del uso de fitosanitarios y semillas y que permite la inyección de anabolizantes y hormonas de crecimiento en su ganado…
—El acuerdo especifica bien claro que Canadá tiene que respetar la normativa europea, y esto responde a los que los que utilizaban para ir en contra del acuerdo argumentos basados en los OGM (organismos genéticamente modificados) o en las hormonas.

—Los citricultores andaluces también están en alerta ante la propuesta de la CE de suavizar los controles a las importaciones de cítricos de terceros países. ¿Qué se hace al respecto?
—Asaja comparte la postura de la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo, que ha mostrado su oposición rotunda al proyecto de relajar los controles a las importaciones de cítricos cuando su destino sea la industria y no el consumo en fresco. Es inaceptable, ya que ese canal paralelo supone un riesgo para la seguridad de las plantaciones andaluzas, españolas y europeas, ya que esos cítricos, una vez en la UE, podrían desviarse también al consumo en fresco.

—Los arroceros sevillanos están muy pendientes de las negociaciones UE-Mercosur. ¿Hay motivo de alarma?
—Mercosur queda todavía lejos de un acuerdo definitivo. En marzo llega la siguiente ronda de contactos, y hay que ver cómo quedan finalmente las propuestas de la Comisión, pues en estos acuerdos existe la protección para productos sensibles, como puede ser el arroz, muy castigado ya por las importaciones sin arancel de Asia.