El alperujo se confirma como la ‘fórmula mágica’ para que los suelos resistan temperaturas de 50 grados
Agricultura

El alperujo se confirma como la ‘fórmula mágica’ para que los suelos resistan temperaturas de 50 grados

Un estudio de la UCO prueba que los suelos mediterráneos del sur de España pierden cualidades al superar los 40 grados y plantea estrategias para aumentar su capacidad de resistencia.

12/05/2026 Actualizado a las 10:38

Las olas de calor que, cada vez con más frecuencia, asolan el sur de España, tienen también importantes efectos en el suelo. Cuando el termómetro supera los 40 grados, los microorganismos que habitan en el suelo optan por ‘sobrevivir’ y dejan de hacer sus funciones, que van desde el secuestro de carbono a la nutrición de las plantas.

Un estudio realizado por la Universidad de Córdoba en colaboración con la School of Environmental and Natural Sciences de la Universidad de Bangor, en Reino Unido, ha determinado cuál es la temperatura límite que puede alcanzar el suelo de distintas regiones mediterráneas antes de degradarse, al tiempo que ha dado pistas de qué podemos hacer para ayudarle.

Sin fósforo

A partir de los 40 grados, la capacidad de los microorganismos para capturar carbono se reduce, llegando prácticamente a «apagarse» cuando alcanza los 50, una temperatura a la que están más que acostumbrados a enfrentarse los suelos calcáreos de la provincia de Córdoba. A su vez, cuanto mayor es la temperatura que soportan, menor es la reserva de fósforo del suelo, prácticamente inexistente si se exponen a temperaturas por encima de los 40 grados.

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Suelo agrario / Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA)

Para hacer frente a este problema, el equipo de la UCO formado por los investigadores del grupo de Edafología del Departamento de Agronomía (DAUCO) ha investigado la manera de amortiguar el daño que generan las altas temperaturas, contrarrestándolo con aditivos orgánicos que aumentan su resistencia. Una contribución que suma a toda una estrategia integral y multiactor, materializada en la Directiva Europea de Vigilancia del Suelo, que va orientada a lograr unos suelos sanos en toda Europa de aquí a 2030.

Dos tipos de suelo

Tal y como explica la investigadora principal de este trabajo, Sana Boubehziz, las muestras de suelo se marcaron primero con isótopos radioactivos de carbono-14 para monitorizar la respiración de los microorganismos. El objetivo era testear la capacidad de resistencia de dos tipos de suelo mediterráneo (uno calcáreo, de Córdoba, y otro más ácido, de Badajoz) ante distintos escenarios de temperatura (de 20 a 50 grados).

Si bien los resultados demostraron la elevada temperatura que son capaces de alcanzar antes de perder su funcionalidad, también pusieron en evidencia la urgencia de buscar soluciones paliativas para frenar la degradación de unos suelos que se exponen año a año a temperaturas cada vez más elevadas.

En la búsqueda de estas soluciones, las muestras de suelo a las que se incorporaron aditivos orgánicos, tras un proceso de incubación de dos semanas, aumentaron significativamente su resistencia y la disponibilidad de fósforo.

En concreto, el alperujo fue el que resultó más efectivo al conseguir aumentar la resistencia del suelo hasta los 50 grados, evidenciando una vez más las posibilidades de este residuo de una de las principales industrias andaluzas para formar parte de estrategias de economía circular.

Manejo adaptado a las características

«Cada suelo es único», explica, «y debe tener un manejo adaptado a sus características». Por ejemplo, en el ámbito agrícola, «está probado que el uso de fertilizantes de base orgánica es más saludable para el suelo, por lo que durará más y producirá más, siendo a medio plazo más rentable». Esa rentabilidad no se limita al bolsillo del agricultor sino que tiene una dimensión social. El suelo, considerado un recurso no renovable por su lenta velocidad de regeneración, cumple una función clave en el secuestro de carbono y es por tanto un aliado contra el mismo cambio climático que está acelerando su degradación.

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