Braulio Contioso: «Hay menos corcho, de peor calidad y su precio lo ponen las multinacionales»
La empresa Corcho Sevilla es la última que sobrevive en la provincia tras el cierre de más de una decena de fábricas corcheras en los últimos 20 años
El corcho es un sector meramente exportador, por lo que los industriales corcheros tenían en la provincia de Sevilla un enclave estratégico desde el que conectar el comercio de tapones con las grandes ciudades vinícolas a nivel mundial. Prueba de ello es que las grandes firmas corcheras (como el grupo italiano Colombin) se decidieran a comprar fábricas en la provincia, máxime cuando Andalucía es la primera comunidad productora de corcho nacional. Sin embargo, en apenas dos décadas, toda esa actividad industrial ha desaparecido con el cierre de más de una decena de fábricas a excepción de la empresa Corcho Sevilla, ubicada en el municipio de Santiponce, lo que convierte a su fundador y propietario, Braulio Contioso, en el último bastión de la preparación corchera en Sevilla.
-¿Cómo se consigue aguantar los envites de la crisis y permanecer activo en el sector corchero?
-Siendo un buen administrador y un buen inversor. Siempre he tenido claro que podrían venir épocas de vacas flacas, por lo que he diversificado mi actividad, pensando que únicamente del corcho sería difícil vivir. Por ello, parte de los beneficios que me daba la fábrica corchera los he invertido en otros negocios como en la hostelería o en bienes inmuebles, y en ocasiones esas otras actividades han solucionado las épocas de crisis en el corcho y nos hemos podido mantener en el sector suberícola.
-¿Cuál es la producción de Corcho Sevilla hoy en día?
-Nos dedicamos a la primera transformación. Abarcamos desde la extracción del corcho en el árbol en el campo hasta su traslado a fábrica, donde se procede a su clasificación, hervido, esterilización, recorte y clasificado del corcho en plancha, que se vende en fardos. Hemos llegado a procesar hasta 100.000 quintales de corcho, aunque actualmente nos movemos entorno a los 30.000 quintales, pues el mercado corchero cada vez está más difícil.
-¿Cuáles son los principales obstáculos que tenéis los industriales?
-Estamos vendiendo el corcho a los mismos precios que hace diez años, mientras que la compra en árbol está muy alta, pues el valor para el productor no ha bajado en la misma proporción que para el industrial. Además, vamos al campo y tenemos que pagar al contado, pues no puedes sacar la mercancía si no está liquidada, y luego la industria vende con un plazo de pago de 180 días. De ahí que muchas empresas hayan tenido que recurrir al banco para financiarse y no siempre es fácil que te concedan un crédito. Además, la calidad del corcho ha bajado mucho. En definitiva, hay menos corcho, de peor calidad y las industrias pequeñas tenemos muy poco margen para negociar el precio, que viene establecido por las multinacionales. De hecho, más del 80% del comercio corchero está en manos de una gran multinacional portuguesa: Amorim, que es quien va marcando todas las estrategias de compra y venta en el sector.
Reducción de existencias
-¿Cuáles son los principales factores que han influido en la reducción de las existencias de corcho y en su calidad?
-Los problemas que atraviesa la dehesa. Entre ellos, destaca la enfermedad de la seca, que provoca el decaimiento y muerte de las encinas y alcornoques y cuyas causas no están del todo claras, pese a que existen muchas líneas de investigación en marcha. De hecho, en el último cuarto de siglo, se han reducido las existencias de corcho hasta en un 30%. Además, está también que las fincas están agotadas, pues no todos los propietarios forestales han mantenido en óptimas condiciones sus explotaciones. Falta regeneración del arbolado, que necesita entre 40 ó 45 años en ser productivo, y proteger a los árboles más jóvenes de los posibles daños que le pueda ocasionar la ganadería extensiva o las especies cinegéticas como el venado, que tiene predilección por las tiernas hojas del alcornoque.
-¿Cómo se prevé la próxima campaña de extracción del corcho en la comunidad autónoma?
-Ha llovido poco y eso no es buena señal, pues la escasez de lluvia influye en el calibre del corcho, y devalúa su precio. Así, si el quintal bueno cotiza sobre los 80-90 euros, los malos rondan sobre los 40 ó 50 euros. Además, por el clima, la administración debería anticipar los permisos de aprovechamientos, para que la saca del corcho comience el 15 de mayo y se prolongue hasta el 15 de julio, pues los corchos no se dan ya en agosto. No obstante, aquí antes del 1 de junio no te dejan sacar y este retraso está haciendo que se queden muchos corchos en el campo.
Trabajo artesano
-El trabajo de sacador de corcho es de los más artesanales que existen y son muy pocos los profesionales que dominan la técnica del hacha sin dañar el árbol. ¿Cree usted que acabará desapareciendo?
-Confío en que no. Es verdad que es un oficio minoritario, que ha pasado de padres a hijos, y que no es fácil de encontrar. Pero en algunas provincias de Extremadura o en determinadas localidades de Huelva y Cádiz empieza a haber formación para nuevos descorchadores para recuperar esta profesión. La saca de corcho, junto a la poda, son dos de las labores agrícolas con las que se puede ganar bastante dinero pero como en todo el sector agrario, falta el relevo generacional.
-La Junta está desarrollando un Plan Estratégico del Corcho para dinamizar el sector en la comunidad. ¿Qué le parece este proyecto?
-Desconozco el contenido y las acciones concretas, pues con Corcho Sevilla no han contado para su redacción. No obstante, creo que sería imprescindible que este documento incluyese actuaciones de carácter informativo y promocional de las bondades del producto corcho destinadas al consumidor. Pocos saben el valor ambiental que tiene el descorchar una botella de vino tapada con un tapón de corcho y que éste es un material ecológico, natural y cien por cien reciclable con muchas aplicaciones en otros sectores como la construcción o la aeronáutica.