Créditos de carbono, una nueva vía de ingresos para el agricultor
Reducir las emisiones contaminantes

Créditos de carbono, una nueva vía de ingresos para el agricultor

Optar por las prácticas de la agricultura de conservación supone menos costes y ahora también se recompensa económicamente

12/04/2022 Actualizado a las 19:14

Cultivar la tierra con buenas prácticas agrícolas como las de la agricultura de conservación, que frenen la erosión del suelo y reduzcan las emisiones contaminantes, contribuye a la sostenibilidad ambiental, pero además puede suponer una nueva fuente de ingresos para el agricultor, a través de los créditos de carbono.

Se trata de instrumentos económicos contemplado en el Protocolo de Kioto para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), tal y como se ha explicado en la jornada organizada por Asaja Sevilla en la Galería de ABC bajo el título: «La Nueva PAC 2023-2027: Rentabilizando la Agricultura de Carbono».

La directora de Marketing y Comunicación de Agoro Carbon Alliance-Europa, Ana Isabel Nogales, ha sido la encargada de explicar cómo funcionan estos créditos de carbono, señalando que cada uno «equivale a una tonelada de CO2 que se ha dejado de emitir a la atmósfera y se utiliza para compensar las emisiones en otros ámbitos». Es decir, «empresas que están excediendo la cantidad de GEI necesitan compensar esas emisiones y, para ello, pueden acudir a los créditos de carbono».

Estos créditos funcionan en dos tipos de mercado: regulados y voluntarios o de compensación, apuntando que «la Unión Europea está hablando de regularizar el mercado de carbono en Europa, y posiblemente a finales de este año veamos algún avance al respecto».

Ana Isabel Nogales ha insistido en que hay que verificar que existe una reducción de emisiones, lo que en el caso de las explotaciones agrarias se haría midiendo el carbono almacenado en el suelo. Pero, a continuación, «hay que certificar, por empresas independientes y reconocidas en el mercado, que hay un secuestro de CO2 en el suelo», y una vez certificado, es cuando los créditos se ponen a la venta y a disposición de las empresas que tienen que reducir sus emisiones.

Emisiones de una industria de orujo / Agrónoma

Y es que «la certificación aporta una garantía de calidad para determinar la elección de esos créditos de carbono por parte del comprador», ha insistido la directiva de Agoro Carbon Alliance, empresa fundada por la multinacional de fertilizantes para la agricultura Yara.

El mercado

Respecto a cómo pueden los agricultores entrar en el mercado de los créditos de carbono, Nogales ha señalado que la mejor forma es «realizando una transición eficiente de un modelo de agricultura convencional a un modelo de agricultura de conservación».

Asimismo, ha subrayado que «la agricultura está en una posición única de secuestrar el carbono, porque el suelo es un sumidero de carbono», por lo que, dirigiéndose a los presentes ha sentenciado: «Si estáis cansados de escuchar que la agricultura es la responsable de los gases de efecto invernadero, tenéis una oportunidad de convertirla en un sector de impacto positivo».

Sobre la agricultura de conservación también se ha pronunciado el profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y de Montes de la Universidad de Córdoba, Emilio J. González, señalando que «está en un punto intermedio entre la agricultura ecológica y la agricultura convencional», y que se basa en tres principios: la mínima alteración del suelo y la siembra directa, las coberturas permanentes y la rotación de cultivos.

Después de 20 años de laboreo «hemos perdido la mitad del carbono que teníamos en nuestros suelos», ha precisado Emilio J. González, apuntando que «España es uno de los países del arco mediterráneo que tiene menos contenido de carbono en los suelos», lo que representa «un problema, pero también una oportunidad».

tierra
Siembra directa de cereales / Agrónoma

A este respecto, ha señalado que incrementar el carbono (materia orgánica) de nuestros suelos es posible a través del manejo de los residuos de las cosechas. «Hay que empezar a ver los rastrojos de otra forma, porque aproximadamente la mitad de esos restos vegetales es carbono».

Así, ha explicado que «si en vez de enterrarlos o de labrar el terreno dejamos los restos de la cosecha sobre la superficie del suelo para que se degraden, a corto o medio plazo se transforman en carbono que va a constituir parte del suelo».

Conforme una explotación va incrementando el carbono en el suelo va obteniendo una serie de ventajas económicas. Así, «si somos capaces de subir un punto en materia orgánica de nuestro suelo, hay estudios que señalan que podemos alcanzar un potencial productivo similar o superior usando un 40% menos de fertilizantes», ya que «la materia orgánica favorece la fertilización natural del suelo».

Además, «con la siembra directa ahorramos la mitad de combustible», por lo que «en ahorros totales estaríamos hablando de unos 66 euros por hectárea haciendo agricultura de conservación frente a la agricultura convencional», siendo otra ventaja añadida «que se necesitan menos horas de trabajo por hectárea».

En España se cultivan alrededor de dos millones de hectáreas bajo el modelo de la agricultura de conservación, aunque «creemos que podemos llegar a 13 millones de hectáreas». Andalucía es líder nacional en este tipo de agricultura, sumando las hectáreas que realizan siembra directa y las que mantienen cubiertas vegetales en cultivos leñosos, fundamentalmente en el olivar.

Oportunidad

España y Europa se enfrentan a un reto ambiental muy importante, porque tenemos que llegar a la neutralidad climática en 2050, reduciendo un 55% de las emisiones totales a nivel nacional en los próximos ocho años (2030) en comparación con los niveles preindustriales.

Cubierta vegetal en olivar / Ifapa

Además, recientemente, la Comisión Europea ha mandado su evaluación del Plan Estratégico de la PAC 2023-2027, en la que insta al Gobierno de España a aumentar más los objetivos medioambientales y climáticos, reforzando aquellas medidas que contribuyan a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y a una mejor gestión del suelo. «Y la agricultura de conservación va a tener un papel fundamental», ha afirmado el director de la Asociación Europea de Agricultura de Conservación Suelos Vivos, Óscar Veroz.

Igualmente, el panel intergubernamental de cambio climático, en su sexto informe de evaluación publicado recientemente, identifica a la agricultura de conservación como una de las medidas más relevantes para poder mitigar el cambio climático, y en el mismo sentido, la comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo el pasado mes de diciembre insiste en la necesidad de adoptar más medidas para favorecer prácticas de la llamada agricultura de carbono, fomentando entre ellas la agricultura de conservación y visibilizando, por primera vez, la necesidad de recompensar a los agricultores por fijar carbono en el suelo, ya sea a través de fondos públicos o privados.

Pagos al agricultor

En este último caso se encuadra el programa de créditos de carbono de Agoro Carbon Alliance, una empresa de sostenibilidad «con el objetivo de acelerar la descarbonización de la agricultura global», que colaborará con Asaja Sevilla para ofertar a los agricultores una fuente de ingresos adicionales.

En este sentido, la empresa ofrece a los agricultores un contrato que incluye el asesoramiento de las mejores prácticas agrícolas para el secuestro de carbono y corre con el coste de los análisis de suelo y de las certificadoras independientes, que serían, por tanto, gratis para el agricultor. Se encargaría también de la venta de los créditos de carbono, generando el mayor retorno para el agricultor.

Respecto al pago al agricultor, Agoro ofrece dos fórmulas. Una es un modelo por emisión, en el que pagan al agricultor cada cinco años el 60% de la venta del crédito de carbono, quedándose el 40% restante la empresa.

El otro modelo es de financiación, en el que se adelanta al agricultor un pago anual (del año uno al año cuatro), y en el quinto año, cuando se produzca la venta del crédito, se pagaría al agricultor el 55%, restando los pagos adelantados en los años previos.

Además, la empresa garantiza un precio mínimo, protegiendo al agricultor contra las posibles fluctuaciones del mercado.

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