El acuerdo UE-Australia, nuevo ‘estocazo’ a la ganadería andaluza: «Usan hormonas prohibidas aquí»
La organización Asaja lamenta que el campo vuelve a ser «moneda de cambio» y pide a los eurodiputados que voten en contra de la ratificación del acuerdo
El nuevo acuerdo comercial alcanzado entre la Unión Europea y Australia es «otro varapalo» para el sector agrario europeo, y andaluz, de nuevo «moneda de cambio» en las negociaciones internacionales.
Desde la organización Asaja denuncian que Bruselas «ha cedido» en productos clave del campo europeo a cambio de favorecer intereses industriales ajenos al sector primario, especialmente en ámbitos como la automoción o la industria química, así como para garantizar el acceso a materias primas estratégicas vinculadas a la transición energética, como el litio, el magnesio o el aluminio.
«Siempre que hay que sacrificar a alguien en Europa, el elegido es el sector agroalimentario, y esta situación no es nueva. Ya ocurrió con las consecuencias de los aranceles a fertilizantes rusos y bielorrusos, con el encarecimiento energético o en anteriores negociaciones comerciales como Mercosur o el de Marruecos», insisten.
Sectores sensibles en riesgo
El acuerdo contempla la apertura de contingentes arancelarios para varios productos agroalimentarios considerados especialmente sensibles para España y la UE.
En carne de vacuno se permitirá la entrada de 30.600 toneladas (más de la mitad libres de aranceles); en ovino y caprino, 25.000 toneladas sin derechos; y en azúcar, 35.000 toneladas libres de arancel. También se incluyen concesiones en productos lácteos, arroz, etanol o derivados del cereal.
«El cordero que llegará congelado desde Australia esta Semana Santa habrá recorrido 17.000 kilómetros, puede haber sido engordado con hormonas prohibidas en Europa desde hace 35 años y habrá generado seis veces más emisiones que un lechal andaluz», ha lamentado Antonio Punzano, responsable de ovino de COAG.
Aunque la Comisión Europea defiende que estos volúmenes representan un porcentaje reducido del consumo comunitario —en torno al 0,5 % en vacuno o menos del 0,3 % en azúcar—, desde Asaja consideran que el impacto en determinados sectores y territorios puede ser significativo.
En Andalucía, por ejemplo, el sector del ovino no ha salido aún de la crisis provocada por la lengua azul, que ha ocasionado pérdidas millonarias, y para el cultivo de la remolacha azucarera podría suponer «la puntilla» tras el cierre temporal de la fábrica de Azucarera en Jerez.
«La experiencia demuestra que estos contingentes, aunque parezcan pequeños en términos globales, generan tensiones en los mercados y presionan los precios en origen» afirman desde la organización.
Desde COAG también alertan de que parte de esta carne llegará sometida a procesos de superenfriamiento —una congelación superficial— pero se comercializará como fresca, sin que el consumidor pueda distinguirla claramente de la producción local.
Ineficacia de las cláusulas de salvaguarda
Otro de los puntos que preocupa especialmente a la organización es la eficacia real de las cláusulas de salvaguarda previstas en el acuerdo. De hecho, llaman la atención sobre precedentes «en los que estos mecanismos han resultado ineficaces», como ocurrió con las importaciones de arroz procedentes de Birmania y Camboya o con el etanol de Pakistán. .
Ante este escenario, Asaja ha hecho un llamamiento directo a los eurodiputados, responsables de ratificar el acuerdo, para que voten en contra.